Minuto Neuquen

La apariencia de Freddie Mercury pudo ser distinta si él no se hubiera aferrado a una mentira

El británico nunca aceptó tratamientos médicos.

Florencia Zóttola
Florencia Zóttola
Freddie Mercury. Fuente: (Instagram)
Freddie Mercury. Fuente: (Instagram)

Todavía hoy, hay grandes figuras de la música que, aunque ya no estén entre nosotros, siguen vigentes y gozan de un legado que defiende "con uñas y dientes" los tantos y merecidos logros de sus ídolos, como el caso del eterno Michael Jackson o el avasallador Freddie Mercury.

El británicoque siempre se caracterizó por la originalidad en sus puestas en escenas y sus letras siempre bien pensadas y con fuertes mensajes, también supo poner por delante de sus complejos el éxito de su carrera y sobre esto no hay dudas.

Bien se sabe que el ícono de Queen sufría por su apariencia física, más precisamente por sus dientes. También es de público conocimiento que nunca se sometió a un tratamiento porque temía que su talento cambiara luego.

Es que el galardonado artista sostenía firmemente la idea de que la posición de sus dientes era la responsable de increíble voz. Freddie ya tenía asumido que eso era el rasgo más característico en él, por lo que lo único que hizo para disimularlos, fue usar bigote.

Pero pasó el tiempo y con él vinieron las actualizaciones, nuevos estudios revelaron que la idea a la que se aferró con fuerzas toda su vida la voz de Living on My Own, era una equivocación. Ya que lo que Mercury padecía era una dentición supernumeraria.

Ese diagnostico significa que en lugar de tener 32 dientes, el multi-instrumentalista tenía 36. Numerosos especialistas en ortodoncia afirmaron que el tratamiento no hubiera cambiado para nada su voz, de hecho y a lo sumo, el uso de aparatos podría haberle causado incomodidad al principio.

Hoy en día, las personas se someten a cirugías que modifican su cuerpo y rostro sin temor, y el intérprete de Bohemian Rhapsody pasó toda su vida con temor a perder lo más preciado a cambio de un poco de “belleza”. Aun así logró posicionarse como el británico más emblemático de todos los tiempos.