Con 417 partidos en el club y siendo el segundo jugador que más veces defendió la camiseta en la historia, es lógico que en Boca hayan recibido con impacto la noticia confirmada ayer del fallecimiento de Hugo Orlando Gatti a los 80 años de edad. Indudablemente, se fue una gloria de todo el fútbol argentino.
Pese a que estará siempre identificado con el Xeneize, el Loco comenzó su carrera mucho antes de llegar allí. Surgió de Atlanta, llegó a River y pasó por Gimnasia y Esgrima La Plata y Unión de Santa Fe para luego afianzarse con el buzo que más disfrutó. Sin embargo, el ciclo que inició en 1976, se extendió por 12 temporadas, incluyó 7 títulos (un par de Libertadores y una Intercontinental) no terminó de la mejor manera ya que estuvo marcado por un error que lo condenó a perder el puesto en el arco de Boca para no recuperarlo nunca más.

La relación entre Gatti y Pastoriza nunca fue buena.
Justamente, aquella histórica victoria de Deportivo Armenio en La Bombonera por el Metropolitano del 88 quedó marcado más por ser, a la postre, la última presentación oficial del golero en el arco del club de La Ribera. Tras salir y perder en la disputa de un balón dejándole el arco libre al delantero rival para que convirtiera el tanto del triunfo generó que el por entonces DT, José Pastoriza, pusiera a un joven Carlos Navarro Montoya en su lugar.

Navarro Montoya suplantó a Gatti y se quedó durante más de una década.
Al principio, la sensación era que Gatti recuperaría el lugar en Boca al corto plazo. Con 44 años, la lógica general marcaba que pasaría los meses finales de su carrera en actividad, pero el Profesor sostuvo su postura, mantuvo al Mono y la gloria de la institución debió bancarse la suplencia hasta que terminara su contrato casi un año después. Una vez cumplido el plazo, colgó los guantes definitivamente.

Gatti tuvo su partido homenaje diez años después de su retiro.
La presión política
Mucho ha sido debatido sobre los entretelones que terminaron colaborando para que Pastoriza sacara a Gatti del arco de Boca. Si bien es cierto que existían razones deportivas (como una evidencia cada vez más clara que el paso de los años le estaban jugando en contra o como que Navarro Montoya era un gran proyecto), no solo eso influyó en la postura del DT.
Después de unos primeros tramos del ciclo en el que era conocido el buen vínculo del Loco con la barra brava, el mismo para ese tiempo ya estaba roto. El arquero tomó posturas diferentes políticamente a las que ponderaba La 12 tanto dentro del club como a nivel nacional generando un enfado que pudo transformarse en presión para que el entrenador lo saque.