Después de dejar buenas sensaciones en su debut por la Copa Libertadores, River volvió a ser más de lo mismo en Junín. El equipo de Marcelo Gallardo no puede dejar atrás esa imagen apática, cansina que arrastra desde hace mucho tiempo y que le viene costado muchísimos puntos. El sábado un modesto Sarmiento hasta le pudo haber ganado.
Independientemente a algunas decisiones que viene tomando el entrenador, la realidad es que el Millonario cuenta con niveles individuales bajísimos. Salvo Franco Armani en el arco, en el resto de las líneas se pueden encontrar jugadores que están muy lejos de ser la garantía que podían esperar los hinchas en 2025. Más allá de los últimos dos cotejos donde no pudo destacarse, Franco Mastantuono pareciera erigirse como la carta más importante de creación, pero está solo. Ahí es donde los hinchas de River ven con recelo el presente de Esequiel Barco.

En River jugó 127 partidos marcando 17 tantos.
El extremo surgido de Independiente dejó La Banda a mediados del año pasado, apenas semanas antes del arribo del Muñeco. Tanto el futbolista como el club entendieron que la oferta que llegó desde Rusia por su ficha cercana a los 16 millones de euros era irrechazable y se sumaba a una sensación de que el ciclo estaba cumplido. A partir de allí, pudo transformarse en una pieza clave para Spartak Moskú.

Es la primera experiencia de Barco en Europa.
Con el tanto y la asistencia de ayer al Rostov, Barco ya suma la cantidad de 11 y 7 respectivamente en esos rubros. De los 28 partidos que jugó con esa camiseta, salió de titular en 22 lo que demuestra la trascendencia que tiene hoy en el conjunto de la capital. Gracias a ese aporte, el equipo ocupa la segunda posición del campeonato doméstico a 5 puntos del Krasnodar, elenco desde el que llegó a River Kevin Castaño.
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Justamente el colombiano recientemente incorporado desde Rusia parece tener las condiciones para darle al mediocampo de River otro dinamismo. Claro que con características diferentes a las que solía tener Barco, Castaño muestra buen criterio para manejar la pelota, conducir y lanzar un buen pase entre líneas.
Pensando en el desequilibrio que siempre hace falta, detrás del ex Independiente también se fue Pablo Solari (de hecho, ahora son compañeros en Spartak) dejando solo con esa función a pibes como Mastantuono o Ian Subiabre. La falta de sorpresa es una de las tantas aptitudes de las cuales carece este modelo de Marcelo Gallardo.