Las alarmas se encendieron por primera vez en el mismísimo colegio donde asisten sus hijos George y Charlotte: el coronavirus obligada a cerrar el establecimiento por cuatro casos en alumnos. Kate Middleton parece no haber aprendido nada del susto que se instaló en Kensington Palace y este fin de semana ha expuesto a sus hijos sacándolos a comprar ropa como si nada hubiera pasado.
Kate Middleton, mientras las calles de Europa se mantienen vacías, ha aprovecha para hacer algunas compras en un centro comercial con sus tres pequeños: el acecho por el coronavirus en Reino Unido ya es alarmante, pero a Kate no le preocupa en absoluto.
Las medidas en este momento en Reino Unido no son tan restrictivas como en otros países del Reino Unido, pero las recomendaciones sanitarias desaconsejaban salir a la calle. Lo que hizo Kate Middleton solo ha generado críticas en la publicación de Hello! luego de lo vivido hace un mes.

Asimismo, las comparaciones entre Kate Middleton con Meghan Markle le han significado un golpe: mientras Meghan preservó a Archie de viajar a Londres ante cualquier riesgo de contagio, Kate hizo todo lo opuesto.
Kate Middleton aprovechó las horas libres antes de que el Primer Ministro Boris Johnson no tardara en ponerse drástico con medidas que hicieran tomar consciencia de lo que se está viviendo: 798 casos confirmados de infección y 10 muertes (según datos del viernes) se han confirmado.

La alerta tomó a Kate Middleton en Anmer Hall, la casa que la Reina Isabel regaló al Príncipe William y a Kate Middleton por su boda: es donde pasan recluidos los fines de semana con sus tres hijos: George, Charlotte y Louis. Como una familia muy normal en una mañana muy normal, todos se acercaron hasta el Sainsbury's de King's Lynn: compraron comida y miraron ropa.

Una testigo no podía creer lo que veía y se lo ha revelado a Hello!: "Estaba con los niños y se veía encantadora. Se portaron muy bien". Kate Middleton eligió un look casual para pasar la mañana con sus hijos: Louis ya sabe caminar, pero prefirió cargarlo en sus brazos con el fin de evitar cualquier incidente. Lo que no sabía es que las críticas lloverían justamente por el descuido de haber expuesto a tres pequeños a un lugar tan concurrido como un shopping, desoyendo cualquier consejo.