¿Te cansaste de que las plantas se te quemen con el fuerte sol del verano y ya no sabés qué cultivar en tu jardín? Aquí te traemos la solución: el Olivo es una planta ideal para prosperar en ambientes con una fuerte exposición a los rayos solares, así como en otras condiciones difíciles. Su resistencia a las altas temperaturas y su capacidad para adaptarse a terrenos poco fértiles lo convierten en una opción perfecta para jardines que reciben mucho sol y requieren una especie duradera y de bajo mantenimiento. Además, el Olivo aporta un toque mediterráneo único, dándole un estilo especial a tu espacio exterior.
El Olea europaea, comúnmente conocido como Olivo, Olivera, Aceituno u Oliva, es un árbol pequeño, perennifolio y longevo, que puede alcanzar hasta 15 metros de altura. Tiene una copa amplia y un tronco grueso, con un aspecto retorcido. Su corteza es finamente fisurada, de color gris o plateado. Las hojas son opuestas, de un verde grisáceo en el haz y más pálidas y escamosas en el envés. Las flores del Olivo presentan una corola blanca, y su fruto es la aceituna u oliva. El periodo de floración de esta planta se produce entre mayo y julio en el hemisferio norte, y entre noviembre y enero en el hemisferio sur. En cuanto a la fructificación, ocurre entre septiembre y diciembre en el hemisferio norte, y entre marzo y junio en el hemisferio sur.

Esta planta no pasa desapercibida con su follaje plateado y su característico tronco retorcido.
El Olivo es un árbol de gran belleza ornamental, perfecto para proporcionar sombra, aunque para alcanzar una altura considerable necesita tiempo. Gracias a su resistencia y longevidad, es ideal para quienes buscan aportar un toque rústico a su jardín, ya sea plantado directamente en el suelo o en una maceta de grandes dimensiones. El cuidado de esta planta es bastante sencillo, y con solo tener en cuenta algunos factores, podrás disfrutar de todo su atractivo.

El Olivo es un árbol muy versátil y llamativo.
Cuidados del Olivo
Luz: el Olivo necesita una exposición plena al sol, por lo que debe ubicarse en un lugar con luz directa durante la mayor parte del día. Esto favorece su crecimiento y desarrollo, además de garantizar una buena producción de frutos. En caso de cultivarlo en el interior se debe elegir un espacio con buena luminosidad.
Riego: es resistente a la sequía, pero es importante mantener un riego moderado, especialmente durante los períodos de calor. Se debe evitar el encharcamiento, ya que prefiere un suelo bien drenado. En invierno, es recomendable reducir el riego, ya que la planta entra en una fase de reposo.
Sustrato: prefiere suelos bien drenados, ligeramente alcalinos o neutros. Puede crecer en terrenos pobres, siempre que el drenaje sea adecuado. Es recomendable evitar suelos arcillosos que retienen demasiada agua.

Plantarlo en medio de un jardín con césped no es lo mejor, ya que el pasto retiene mucha humedad, lo que puede generar un exceso de agua y perjudicar la salud del árbol.
Abono: durante la primavera y el verano, el árbol se beneficia de un abono equilibrado que contenga nitrógeno, fósforo y potasio. El uso de compost o abonos orgánicos también es beneficioso para fomentar un crecimiento saludable. En otoño e invierno, no es necesario fertilizar.
Poda: la poda del Olivo debe realizarse a finales del invierno o principios de la primavera, antes de que comience el crecimiento activo. Se deben eliminar ramas secas o dañadas y recortar aquellas que sobresalgan para darle forma. Es importante no podar en exceso, ya que el Olivo crece lentamente y puede tardar en recuperarse.