Entre las plantas que ganan protagonismo en huertas urbanas y jardines hogareños, hay una que llama la atención apenas se la ve. Sus hojas violetas, con bordes dentados y textura suave, rompen con el verde clásico y aportan un toque exótico que no pasa desapercibido. Se trata del shiso, también conocido como perilla, una planta aromática muy utilizada en la cocina asiática que empieza a conquistar cocinas y balcones de este lado del mundo.
El shiso es originario de Asia oriental y es un ingrediente habitual en la gastronomía japonesa, coreana y vietnamita. En Japón, por ejemplo, se usa para acompañar sushi y sashimi, dar sabor a ensaladas, aromatizar arroces y hasta preparar bebidas refrescantes como limonadas o infusiones frías. Su sabor es particular: fresco, ligeramente anisado y con un toque herbal que recuerda a la menta y la albahaca.

Más allá de su uso culinario, el shiso es una planta muy valorada por su facilidad de cultivo. Crece bien en macetas o en suelo directo, necesita buena luz natural —aunque agradece algo de sombra en los días más calurosos— y riegos regulares sin encharcar. No requiere grandes cuidados, lo que la convierte en una excelente opción tanto para quienes recién empiezan como para quienes ya tienen experiencia en jardinería.
Otro de sus grandes atractivos es que atrae polinizadores, como abejas y mariposas, ayudando a mantener el equilibrio del jardín. Además, su crecimiento rápido permite cosechar hojas durante buena parte de la temporada cálida, siempre cortando de manera gradual para que la planta siga desarrollándose.

En cuanto a sus propiedades, el shiso no se queda atrás. Se le atribuyen efectos antioxidantes, digestivos y antiinflamatorios, y en la medicina tradicional asiática se lo utiliza desde hace siglos como apoyo natural para distintos malestares. Aunque no reemplaza tratamientos médicos, sumar esta planta a la alimentación diaria es una forma simple de incorporar aromas y nutrientes.
Color, sabor, aroma y bajo mantenimiento: el shiso reúne todo lo que una planta ideal debería tener. Ya sea para darle un giro distinto a las comidas, sumar un toque violeta al jardín o animarse a cultivar algo nuevo, la perilla es una de esas joyas verdes —o violetas— que vale la pena descubrir.