El tordo renegrido, conocido científicamente como Molothrus bonariensis, es un ave típica de América del Sur que también se hizo presente en ciertas regiones de España. A pesar de que evita las selvas densas, las montañas y algunas zonas específicas, este pájaro logró expandirse con facilidad por casi todo el continente. Los machos, de color negro brillante con reflejos tornasolados, miden cerca de 20 centímetros y pesan unos 45 gramos. Las hembras, por su parte, son un poco más pequeñas y lucen un plumaje marrón oscuro, más claro en la zona del vientre. Una curiosidad: el brillo del macho no se debe a pigmentos, sino a una estructura microscópica en las plumas que refleja la luz de forma particular.
Además de ser vistoso, este pájaro, conocido también como morajú en Argentina, tiene un estilo de vida que no pasa desapercibido. El tordo se alimenta principalmente de insectos y semillas, que incluyen arroz y forraje. Lo curioso es que suele conseguir su comida cuando camina por el suelo o incluso posado sobre animales de granja como caballos, cerdos o vacas. Al hacerlo, se da un banquete de garrapatas y pulgas. Pero sin dudas, lo más llamativo de este pajarito es su forma de reproducirse. Las hembras no construyen nidos propios, sino que depositan sus huevos en los de otras especies. Este comportamiento se conoce como “parasitismo de puesta”. Una vez que encuentran un nido de un pájaro similar en tamaño y dieta, colocan allí sus huevos. En ocasiones incluso rompen o retiran los huevos del ave anfitriona para asegurarse de que su cría reciba toda la atención.

Los tordos son conocidos por sus cantos melodiosos, que utilizan para atraer a las hembras durante la época de apareamiento.
Como el período de incubación del tordo es muy corto, los pichones nacen antes que los demás y se quedan con toda la comida. Esta práctica pone en riesgo a muchas otras especies que, sin saberlo, terminan por criar ejemplares ajenos. Los huevos del Molothrus bonariensis pueden variar en aspecto: algunos son blancos sin manchas y otros azulados o verdosos con pequeñas pintas oscuras. Por otro lado, el comportamiento de este pájaro renegrido también tiene sus particularidades. Es un ave de hábitos diurnos, activa durante el día, que vuela de rama en rama, mientras emite cantos. Su voz, aguda y melodiosa, se escucha especialmente al amanecer y atardecer, y muchos lo asocian con buenos augurios y esperanza.

Un morajú depositó un huevo en un nido de gorrión. El pichón que se ve es justamente el del tordo, que luego se encargará de expulsar del nido los demás huevos.
Durante la noche, busca árboles altos o agrupaciones frondosas donde pasar las horas hasta que vuelva a salir el sol. Su estilo de vida sencillo, su vuelo bajo y su preferencia por el suelo lo vuelven muy fácil de observar. En cuanto al hábitat, esta especie se adapta con facilidad a todo tipo de entornos. Se puede encontrar al tordo tanto en campos abiertos como en zonas arboladas, bordes de selvas, chacras, corrales, ciudades y hasta jardines urbanos. Al atardecer, suele reunirse con otros ejemplares en los conocidos “dormideros”: grandes árboles en plazas o parques donde descansan todos juntos.

Se encuentran en diversos ambientes, desde bosques y campos de cultivo hasta parques urbanos.
Refranes populares del tordo
El tordo no solo se hizo famoso por su comportamiento en la naturaleza, también logró ganarse un lugar en el lenguaje popular, especialmente en Argentina. Un dicho muy conocido en el país es “hacerse el tordo”, que se usa para describir a alguien que se hace el desentendido, como si no supiera lo que pasa, aunque en realidad entiende todo perfectamente. Esta expresión se relaciona con el hábito del ave de dejar sus huevos en nidos ajenos y desaparecer, desentendiéndose de la crianza.

El tordo es un ave muy popular. Fuente: (aves pampa).
Otro refrán curioso es “bien canta el tordo si estás gordo”, una frase que remite a la idea de que cuando alguien está en una situación cómoda o favorable, sus opiniones o gestos tienen más fuerza y son más fáciles de entender, similar al dicho “a buen entendedor, pocas palabras”. También está el dicho menos conocido, pero igual de gráfico: “como tordo viejo en campanario, que de campanadas no hace caso”, que apunta a quienes, por la edad, experiencia o simplemente por desinterés, ya no prestan atención a señales, advertencias o lecciones que deberían tener en cuenta.