Los vasos de vidrio son un clásico en todas las cocinas, pero más de una vez pueden jugarnos una mala pasada: ese olor a humedad que se acumula en su interior, incluso después de haberlos lavado, puede arruinar una buena bebida o dejar una sensación desagradable.
Lo cierto es que el mal olor no proviene tanto del vaso en sí, sino del modo en que lo secamos o almacenamos. Afortunadamente, existe un truco casero muy simple que te va a permitir olvidarte de este problema de una vez por todas. El primer paso fundamental es prestar atención al secado.

Un truco ideal para tu casa.
Muchas veces, por costumbre, colocamos los vasos boca abajo sobre repasadores o dentro del alacena sin permitirles una correcta ventilación. Esto genera un ambiente cerrado y húmedo que favorece la proliferación de bacterias y malos olores. Por eso, es clave dejarlos secándose boca arriba o bien boca abajo solo si la superficie permite que el aire circule y el agua se escurra correctamente.

Secalos bien siempre.
Otro punto importante es el tipo de paño que usamos para secarlos. Si bien puede parecer un detalle menor, los repasadores húmedos o con restos de olor terminan traspasando esa humedad al interior del vaso. Lo ideal es utilizar paños limpios, secos y sin perfumes fuertes, ya que estos también pueden dejar un residuo no deseado.
El truco casero que nunca falla es bien sencillo: después de lavar los vasos, enjuagalos con un chorrito de vinagre blanco antes del secado. Este ingrediente natural elimina bacterias y neutraliza los olores sin dejar rastros. Luego, dejalos escurrir al aire o secalos con un paño limpio, asegurándote de que no queden gotas atrapadas en el fondo.

Evitá malos olores.
También es útil guardar los vasos en estantes bien ventilados, evitando apilarlos o cerrarlos herméticamente en alacenas húmedas. Si querés un plus, podés colocar una tapita con bicarbonato de sodio en el estante donde los guardás: este absorberá la humedad del ambiente y actuará como desodorante natural.