Desde la psicología estudian el comportamiento de las personas en los ascensores porque dice mucho más de lo que pensamos sobre cómo actuamos y gestionamos el espacio personal en situaciones de proximidad obligada; de hecho, algunos profesionales aseguran que se trata del “ejemplo perfecto de espacios confinados donde las personas son forzadas a invadir la burbuja personal de los demás”.
La experta Olga Albaladejo explica qué dice la ciencia acerca de cómo nos comportamos cuando se cierran las puertas del ascensor. “Dime cómo actúas en el ascensor y te diré cómo manejas el contacto con lo imprevisible”, asegura acerca de las acciones y gestos que tenemos en dicho momento.

El ascensor para la psicología es un laboratorio natural para observar cómo se adaptan las personas a determinadas situaciones. Fuente: (Instagram).
Mirar el celular en el ascensor tiene una explicación según la psicología
Ubicación
El lugar que elegís para subir o bajar cuando se abren las puertas puede parecer una decisión sin importancia, pero, por supuesto, para la psicología significa mucho más y permite identificar rasgos de la personalidad.
La experta explica que si elegís pararte cerca de la puerta, usualmente es porque sos una persona con poca paciencia, práctica y que no se siente cómoda en espacios cerrados. “Reflejar una necesidad de control o el deseo de salir rápido”. Ubicarse en el fondo, por el contrario, indica un perfil más reservado: “A veces se asocia con introversión, incomodidad social o el deseo de observar sin ser observado”.

Los estudios revelan patrones de comportamiento que en otras circunstancias sería más complejo. Fuente: (Instagram).
Uso del espacio
También el uso del espacio físico dice mucho de nosotros. No es lo mismo ubicarse en un rincón, como queriendo no molestar, que plantarse con una postura abierta, ocupando más lugar del necesario. Si sos de los que ocupa mucho espacio, te caracterizas por transmitir seguridad, pero tener “poca conciencia social”; por otro lado, los que buscan ocupar menos lugar son más reservados y toman el ascensor como un “espacio invasivo”.
Tranquilidad o estrés
Claro que la forma en que te sentís dentro del ascensor también dice demasiado. Si te mantenés tranquilo y relajado, eso refleja una buena adaptabilidad emocional. “Estas personas no viven el ascensor como un entorno amenazante, sino como un tramo más del día”.
En cambio, si carraspeas, toses o miras constantemente el reloj, es porque estás liberando tensión sin interactuar con los demás; esto se traduce en “una leve activación fisiológica o una ansiedad ligera”.
Si los nervios se apoderan de vos cuando hay mucha gente, puede deberse “a ansiedad social, claustrofobia o baja tolerancia al contacto físico no deseado”. Si lo primero que hacés es mirarte al espejo o acomodarte la ropa, es posible que tengas “hiperconciencia corporal”, que puede reflejar la necesidad de validación o autoexigencia, según la experta en psicología.

El comportamiento dentro de un ascensor varía de acuerdo con la edad, cultura, género, entre otras características de los inidividuos. Fuente: (X).
Reacción ante lo inesperado
Los estudios demostraron que pueden aparecer diferentes formas de afrontamiento social; mirar el celular en el ascensor, por ejemplo, es una estrategia para evadir la incomodidad y una forma de autopreservarse. Olga Albaladejo considera que es “un clásico mecanismo de evasión”.
La simpatía
En contraste con quienes se encierran en silencio o miran el celular en el ascensor, están los que aprovechan esos segundos para socializar. Si saludás, comentás algo del clima o preguntás a qué piso va alguien, tenés un estilo de afrontamiento social afiliativo, es decir, tu impulso es conectar, aunque sea por un ratito.
Si buscás conectar y además aprietas primero el botón, es una clara muestra de eficiencia, iniciativa y tal vez un poco de impaciencia.