Si estás buscando plantas fáciles de cuidar, que se vean siempre lindas y se puedan regalar sin miedo a que se marchiten, hay algunas especies que nunca fallan. Son las favoritas tanto de quienes recién empiezan en el mundo de la jardinería como de quienes ya tienen experiencia, porque requieren muy poco mantenimiento, se adaptan a casi cualquier ambiente y tienen una belleza natural que realza cualquier rincón del hogar.
Entre las opciones más rendidoras y decorativas se encuentra el singonium, una planta de hojas en forma de flecha que crece rápido y puede mantenerse en agua o en tierra. Es perfecta para interiores con luz indirecta y se propaga fácilmente cortando un tallito con un nudo y poniéndolo en agua. En poco tiempo, saca raíces y está lista para pasar a una maceta o regalar tal como está.

Plantas reproducibles.
Otra gran aliada en esta lista de plantas es la tradescantia, también conocida como amor de hombre. Tiene hojas con tonos verdes, violetas y plateados según la variedad, y se multiplica con la misma facilidad: un pequeño esqueje en agua o tierra basta para empezar una nueva planta. Es ideal para canastos colgantes o como cubresuelo en macetas grandes, y resiste bien tanto en interiores como exteriores protegidos.

Una buena opción.
La clásica sansevieria, o lengua de suegra, es la reina de las plantas resistentes. Tolera ambientes con poca luz, necesita muy poco riego y casi no requiere cuidados. Además, purifica el aire y aporta un toque moderno con sus hojas rígidas y estilizadas. Para multiplicarla, podés dividir sus rizomas o plantar alguna hoja cortada directamente en tierra.
También está el pothus joy, una variante del pothus tradicional que se destaca por sus hojas en tonos blanco-crema y verde. Es una planta colgante muy vistosa, perfecta para estanterías o macetas elevadas. Se reproduce con la misma técnica de esquejes en agua y se adapta muy bien a la vida interior, con luz media y riegos moderados.

Se adaptan a todo.
Todas estas plantas son opciones ideales para regalar: lucen bien, no se marchitan con facilidad y podés presentarlas en frascos reciclados, macetas pintadas o incluso bolsitas decoradas. Si querés sorprender a alguien con un detalle con onda, económico y hecho con tus propias manos, estas no fallan.