Los buñuelos siempre son una opción tentadora para acompañar unos mates o un café, y si encima son de queso, la combinación se vuelve irresistible. Esta receta de buñuelos de queso es sencilla, práctica y muy rendidora: en pocos minutos podés tener sobre la mesa un bocado dorado, crujiente por fuera y suave por dentro, ideal para compartir en familia o sorprender a tus amigos.
Lo mejor es que no necesitás ingredientes complicados ni mucho tiempo en la cocina. Con pan lactal, queso rallado y un par de condimentos básicos, vas a preparar unos buñuelos que se transforman en la compañía perfecta para la merienda. Además, podés variar los sabores usando diferentes tipos de queso o especias, logrando una versión personalizada que se ajuste a tu gusto.

Mirá esta gran idea.
Los ingredientes que vas a necesitar para hacer esta receta de buñuelos de queso son los siguientes:
150 g de queso gruyere rallado (podés usar otro queso semiduro si preferís)
1 huevo
1 cucharada colmada de harina
1 diente de ajo rallado
½ cucharadita de polvo para hornear o bicarbonato
4 rebanadas de pan lactal
50 ml de vino blanco
Nuez moscada a gusto
Sal y pimienta
Aceite de girasol para freír

Tan rico que no falla.
Lo primero que tenés que hacer en esta preparación es cortar las rebanadas de pan lactal en discos, utilizando un cortante o un vasito. Reservá.
En un bol, integrá el queso rallado, el ajo, el huevo, la harina, el polvo para hornear, el vino blanco, la nuez moscada, sal y pimienta. Mezclá bien hasta lograr una pasta homogénea.

Preparalos en casa.
Colocá una porción de la mezcla sobre cada disco de pan. Calentá abundante aceite de girasol en una sartén. Colocá los discos primero del lado de la mezcla y freí hasta que estén dorados. Luego, dales la vuelta para dorar el lado del pan.
Retirá sobre papel absorbente para quitar el exceso de aceite y serví de inmediato para disfrutar su mejor textura. Estos buñuelos de queso son tan fáciles y sabrosos que seguro se van a convertir en una de tus recetas favoritas para las tardes materas. Dorados, crocantes y con un interior lleno de sabor, son un clásico reinventado que nunca falla.