Prestar dinero casi siempre nace de un acto de confianza. No se piensa demasiado, no se mide el impacto emocional, y mucho menos se imagina que esa suma pueda convertirse en una carga. Sin embargo, cuando el tiempo pasa y la devolución no llega, aparece la incomodidad, la bronca silenciosa y una sensación de bloqueo que va más allá de lo económico.
Desde una mirada energética, el dinero necesita circular. Cuando queda detenido, también se estanca una parte de quien lo entregó. Este ritual no busca reclamar ni forzar, sino ordenar la energía, soltar el resentimiento y habilitar el regreso de aquello que quedó pendiente. Para hacerlo no necesitás nada especial: solo elementos simples y un momento de calma.
Un vaso con agua
Una hoja de laurel
Una moneda
Una hoja de papel blanco
Un lápiz o lapicera
Una vela blanca (opcional)

Antes de empezar , buscá un momento de tranquilidad. Puede ser de noche o en una mañana silenciosa. Lo importante es que no estés apurada ni cargada de enojo. Este ritual funciona mejor cuando la intención es clara y serena.
Tomá la hoja blanca y escribí una frase breve, directa y positiva. No se trata de exigir, sino de ordenar: el dinero vuelve, el ciclo se cierra, la energía se acomoda. Evitá escribir nombres propios o montos; el foco está puesto en el movimiento, no en el conflicto.
Colocá el papel sobre una mesa o superficie limpia. Encima apoyá la moneda, como símbolo de circulación. Al costado, el vaso con agua, dentro del cual vas a sumergir la hoja de laurel. Si decidís encender la vela, hacelo en ese momento y ubicala frente al papel.
Acercá las manos al vaso y repetí la frase que escribiste tres veces, en voz baja o mentalmente. Mientras lo hacés, imaginá la situación resolviéndose de forma simple, sin discusiones ni tensiones. No pienses en el “cómo”, solo en el resultado. Respirá profundo y soltá.

El ritual no termina en ese momento. El vaso con el laurel debe permanecer intacto durante 24 horas. Es el tiempo simbólico en el que la energía empieza a reacomodarse.
Al día siguiente, descartá el agua por la bacha, tirá el laurel y guardá la moneda en tu billetera. No como recuerdo del problema, sino como señal de que el dinero vuelve a circular.
El papel podés guardarlo en un cajón o romperlo cuando sientas que el tema ya dejó de pesarte.

Más allá de las creencias personales, este ritual funciona como un acto de orden interno. Al soltar la carga emocional, muchas veces se destraban conversaciones, aparecen oportunidades o simplemente cambia tu forma de encarar la situación.
No es magia inmediata, pero sí una forma de dejar de perder energía en algo que quedó suspendido.