La vuelta al cole marca el regreso a las aulas, a las rutinas compartidas y, también, a la circulación de virus y parásitos típicos de esta época del año. El contacto estrecho entre chicos, el uso compartido de útiles y los espacios cerrados favorecen la propagación de algunas enfermedades que se repiten cada inicio del ciclo lectivo.
Sin embargo, especialistas en salud coinciden en que no es necesario caer en la paranoia ni en la desinfección extrema. La prevención efectiva de las enfermedades está más ligada a la constancia de hábitos básicos que a medidas exageradas que, muchas veces, generan estrés innecesario en las familias.

Entre las afecciones más comunes en la escuela aparecen los resfríos y cuadros virales respiratorios, especialmente en las primeras semanas. El cambio de clima, el contacto cercano y la falta de ventilación adecuada facilitan su transmisión. Aunque suelen ser leves, es importante reforzar el lavado de manos, ventilar los ambientes y enseñar a los chicos a cubrirse al toser o estornudar.

Otra preocupación frecuente son los piojos, un problema que genera alarma pero que no está relacionado con la falta de higiene. Se contagian por contacto cabeza a cabeza y son habituales en el ámbito escolar. La revisión periódica del cuero cabelludo y el tratamiento adecuado, cuando corresponde, son más efectivos que el uso preventivo indiscriminado de productos.

Las gastroenteritis, con síntomas como vómitos y diarrea, también suelen circular con fuerza al inicio de las clases. En estos casos, la higiene de manos antes de comer y después de ir al baño resulta fundamental, así como no enviar a la escuela a chicos con síntomas activos para evitar contagios.
Frente a este escenario, los pediatras destacan la importancia de practicar una higiene real y equilibrada. El lavado de manos con agua y jabón sigue siendo la medida más eficaz, por encima del uso constante de alcohol en gel o productos desinfectantes. El exceso de higiene no solo no previene más, sino que puede afectar la piel y generar una falsa sensación de seguridad.

También es clave reforzar hábitos saludables como una buena alimentación, descanso adecuado y controles médicos al día. Estas acciones fortalecen el sistema inmunológico y ayudan a que los chicos transiten la vuelta a la escuela con mayor protección natural.
Así, el inicio del ciclo lectivo no tiene por qué vivirse con miedo. Con información clara, hábitos simples y sentido común, es posible reducir riesgos y acompañar a los chicos en su regreso al aula sin obsesiones ni extremos.