Seamos sinceros: el Rey Felipe no se merece recibir el repudio sin igual que está sufriendo en carne propio por los desajustes financieros y el caos moral y ético en el que lo ha sumido su padre Juan Carlos.
El Rey Felipe parece haber desconocido los movimientos turbulentos de Juan Carlos, pese a que Corinna en la última semana ha intentado dejarlo al descubierto ventilando una carta que le hizo llegar: en la misiva le informaba la situación procesal que se le venía encima.

Es más: el Rey Felipe por primera vez ha sido señalado por la empresaria alemana como el ideólogo de una campaña sin filtros de desprestigio contra ella y sus hijos. O, en el mejor de los casos, lo ha acusado de no haber hecho nada para impedirlo.
Como sea, lo cierto es que el Rey Felipe este viernes ha intentado despejar un poco la mente de días de malas noticias y lo hizo brindando homenajes a queridas figuras de la cultura española como el cantante Pau Donés o la actriz Rosa María Sardá. Pero las malas nuevas no han parado de llegar.

El Rey Felipe acaba de escuchar lo peor que le pueden decir a un monarca y las dagas y puñales han llegado desde uno de los países más queridos por él: Francia, donde estuvo poco antes de que se decretara el Estado de Alerta, arriesgando su propia salud con tal de no cancelar el almuerzo con el presidente Macron.
Desde el país galo, el Rey Felipe ha recibido los dichos más graves pronunciados al aire en los últimos tiempos: llegaron desde un programa de Radio Inter, una radio pública, donde han dejado al padre del emérito por el piso.

"El ex rey de España está bajo investigación formal por fraude fiscal y blanqueo de comisiones ilegales. Quien reinó durante 39 años sobre España, descendiente directo de Luis XIV, jefe del Estado de la 4.ª economía de la zona euro, es tratado por la justicia de su país como tratamos a un pequeño pueblecito".
Y no ha sido todo lo que ha escuchado el Rey Felipe confinado en Zarzuela sobre su padre, tildado de "vulgar gángster" y donde se ha remarcado que la historia no parece ni siquiera servir de lección a los borbones de España, recordándoles que ya perdieron la corona varias veces en los siglos XIX y XX: "Perderla otra vez ni siquiera sería la excepción, sino la regla". Tiembla el Rey.