El Rey Felipe es un fiel cultor de los buenos modales, la discreción pública y el perfil bajo: es lo mismo que le pide a su familia más cercana, pero hay una integrante a quien no puede contener y ya es hora de asumirlo: Victoria Federica es una batalla perdida.
Basta con analizar en detalle el lenguaje corporal del Rey Felipe, la fatídica mañana a la salida de la Catedral de Mallorca mientras Letizia y doña Sofía protagonizaban un escándalo sin precedentes ante la vista de todos los periodistas.

El Rey Felipe tragó su orgullo y, pese a la incomodidad del momento entre su esposa y su madre, intentó que la trifulca no pasara a mayores: lamentablemente no pudo evitarlo y la grieta quedó en evidencia: Letizia no es bienvenida para los reyes eméritos.
Juan Carlos y Sofía, padres del Rey Felipe, en cambio sienten devoción por los hijos de la Infanta Elena, y en especial por Victoria Federica, la joven rebelde de la familia que asumió el lugar Froilán, más calmo desde que se radicó por estudios en Londres.

Desde que comenzó el confinamiento, Victoria Federica ha ocupado las portadas de todas las revistas del corazón y ya tiene un lugar destinado en las secciones de realeza, pero nunca por un motivo feliz: es el gran dolor de cabeza del Rey Felipe.
En horas difíciles para la situación procesal de Juan Carlos, el Rey Felipe había encontrado un bálsamo con una noticia que lo puso feliz: el regreso a la normalidad luego de batallar contra la pandemia y el regreso a la agenda pública con una gira que se iniciará en Canarias.

Pero cuando aparece Victoria Federica, el semblante del Rey Felipe es de preocupación: su sobrina no lleva más de una semana en Madrid y nadie la pudo contener, pese a los ruegos de su tío hacia su hermana: la Infanta Elena no ha tolerado que Felipe le dijera cómo criar a su hija.
Ya sin hablarse entre los hermanos, el último lío que ha protagonizado la sobrina del Rey Felipe ha sido este fin de semana cuando rompió con las reglas de la nueva normalidad: no cumplió con el distanciamiento social ni usó la mascarilla obligatoria para cuidarse. Cada día más rebelde.