Ana Boyer tuvo un año muy diferente. La pandemia alteró su ritmo de vida normal ya que estaba acostumbrada a viajar por todo el mundo con su marido.
La esposa de Fernando Verdasco viajaba como acompañante a todos los torneos de su esposo. Junto a su pequeño hijo Miguel, son los más grandes fans del tenista.

Sin embargo, la cuarentena generó una pausa en todas las actividades deportivas por lo que los viajes se terminaron momentáneamente para Boyer y Verdasco.
Pero la artista supo sacarle el jugo a la difícil situación sanitaria. Ya que fue a instalarse a la casa de su madre y allí pasó el confinamiento.

Como aún no está permitido el turismo exterior, la morocha decidió quedarse, con su familia, en la casa de su progenitora.
En este contexto, la hija de Isabel Preysler decidió relajarse y disfrutar de los días de verano en la casa de su madre. Incluso compartió una foto con una reflexión muy especial.

“No hay nada como encontrar momentos de lectura sin interrupciones. Las tardes de verano es cuando más disfruto”.
Al parecer, Ana está aprovechando para deleitarse con las pequeñas cosas que, durante la rutina diaria no suele hacer.