En las elecciones municipales de Brasil quedaron algunas cosas claras: la derrota de la antipolítica y de la ultraderecha, la consolidación de la derecha tradicional, la caída del Partido de los Trabajadores y algunas sorpresas de la izquierda.
En el coloso sudamericano, las elecciones municipales son importantes puesto que, al ser una república federal, los gobiernos locales tienen particular relevancia en las políticas de atención básica de la salud, educación y transporte.

Aunque el presidente Jair Bolsonaro actualmente está sin partido, apoyaba abiertamente a algunos candidatos que siguen su línea. En San Pablo, la ciudad más importante del país, su candidato quedó sepultado en un tercer lugar.
Allí, el actual intendente, Bruno Covas, irá a segunda vuelta el 29 de noviembre con el candidato de izquierda por el Partido Socialismo y Libertad, Guilherme Boulos, quien fue la sorpresa electoral de la jornada.

Este filósofo es líder del Movimiento de los Trabajadores sin Techo y logró conquistar a la izquierda, a la juventud y a aquellos desencantados tanto con el presidente ultraderechista como con el gobernador paulista de derecha, Joao Doria.
En Río de Janeiro, la segunda mayor ciudad de Brasil, el candidato bolsonarista también fue derrotado. Mientras que Eduardo Paes, del tradicional partido derechista Demócratas, sacó el 37,3%, el actual intendente y pastor Marcelo Crivella, obtuvo el 29,9%.
En Río también habrá segunda vuelta. En 10 capitales del país, entonces, ganó la derecha tradicional de Brasil. Esto significa, afirmó Rodrigo Maia, líder de Demócratas en Diputados, que es “la vuelta de los dirigentes tradicionales”.
Demócratas ganó, por ejemplo, en Salvador (Bahía), Florianópolis (Santa Catarina) y Curitiba (Paraná). Habrá segunda vuelta en muchas de las capitales estatales, como en Porto Alegre, entre Manuela Dávila, del Partido Comunista y Sebastiao Melo, del MDB.