La presencia de arsénico en el agua potable es un problema histórico en varias zonas del país, especialmente en regiones áridas y semiáridas donde el recurso proviene de napas profundas. Aunque el fenómeno no es nuevo, nuevos reportes oficiales y de entidades sanitarias volvieron a ubicar el tema en agenda pública debido a la persistencia de valores por encima de los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Según distintas mediciones provinciales y estudios técnicos por parte del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), las zonas más afectadas se concentran principalmente en:
Buenos Aires (interior): municipios del centro y oeste presentan pozos con altos niveles de este contaminante por causas geológicas.
La Pampa: amplios sectores rurales registran valores superiores a los permitidos.
Córdoba: en el sudeste provincial persisten acuíferos con concentraciones elevadas.
Santiago del Estero y Chaco: localidades con infraestructura limitada dependen de fuentes subterráneas comprometidas por este compuesto nocivo.
Santa Fe (norte): algunos sistemas de provisión aún muestran parámetros por encima del valor guía.
En la mayoría de los casos, los niveles detectados se asocian a la composición natural del suelo y de las napas, lo que vuelve complejo el proceso de remediación.

El interior de Buenos Aires, uno de los más afectados.
La legislación argentina establece un límite máximo de arsénico en el agua potable de 0,05 mg/l, aunque la OMS recomienda un valor más estricto: 0,01 mg/l. Varias provincias avanzaron en planes graduales para adecuar sus parámetros hacia ese estándar, pero muchas localidades aún enfrentan dificultades técnicas y presupuestarias para lograrlo.
Autoridades sanitarias señalan que la variación entre normativas genera diferencias en la calidad del servicio y obliga a reforzar los controles, especialmente en zonas abastecidas por perforaciones individuales o pequeñas redes comunitarias.
Cómo afecta el contaminante a la salud
La exposición prolongada puede provocar diversas enfermedades, entre ellas:
— Lesiones cutáneas crónicas
— Trastornos digestivos y neurológicos
— Afecciones cardiovasculares
— Mayor riesgo de cáncer a largo plazo

La exposición prolongada puede generar lesiones cutáneas crónica
Especialistas advierten que el impacto es silencioso, ya que los síntomas aparecen tras años de consumo continuo, lo que vuelve esencial garantizar controles permanentes en los sistemas de provisión.
Medidas y proyectos en marcha
Según nota de El Auditor Info, para enfrentar los altos niveles de arsénico en el agua, varias localidades bonaerenses avanzaron en soluciones como la instalación de sistemas de ósmosis inversa antes de la distribución de la red, la provisión de agua segura mediante camiones cisterna y la entrega de bidones gratuitos. Por su parte, la Defensoría del Pueblo articula gestiones con municipios, organismos provinciales y empresas prestatarias, además de promover acciones judiciales cuando las respuestas no resultan suficientes

El consumo de agua con arsénico incrementa riesgos digestivos.
La presencia de arsénico en el agua continúa siendo una problemática extendida en varias regiones del país. Aunque existen planes oficiales y obras en ejecución, los especialistas coinciden en que el desafío requiere soluciones sostenidas y una política de control más rigurosa para garantizar agua segura a todos los habitantes.