El ministro de Economía, Luis Caputo, generó una fuerte polémica al afirmar que nunca ha comprado indumentaria en el mercado local debido a los elevados precios, calificando de "robo" los valores vigentes en el país. En declaraciones radiales, el titular del Palacio de Hacienda defendió la apertura comercial como una medida para proteger a los 47 millones de argentinos frente a un sector textil que, según su visión, ha gozado de un proteccionismo ineficiente durante décadas.
El funcionario nacional argumentó que los consumidores han llegado a pagar productos hasta diez veces por encima del valor internacional, y ejemplificó que el ahorro generado al comprar una remera de cinco dólares en lugar de una de 50 permitiría derivar esos recursos hacia otras ramas del consumo, como la gastronomía o servicios. Por su parte, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en diálogo con LN+ respaldó esta postura cuestionando la supuesta pérdida de empleo ante la importación y señalando la enorme brecha de costos entre un jean de fabricación local y uno extranjero.

Caputo cuestionó el costo de la ropa en Argentina.
Esta postura oficial se produce en un contexto crítico para la actividad fabril. Una nota de Infobae destacó que datos de la Fundación Pro Tejer e Indec revelan que la producción textil sufrió una contracción interanual del 36,7% en noviembre de 2025. La crisis se manifiesta en el cierre de plantas y despidos en firmas de renombre como Emilio Alal, Grupo Dass (fabricante de Nike y Adidas), Eseka y TN & Platex.
Actualmente, el sector registra el nivel de utilización de capacidad instalada más bajo de toda la industria, con apenas un 29,2%, lo que significa que siete de cada diez máquinas en las fábricas permanecen inactivas. Desde el ámbito industrial sostienen que el desplome no solo responde a la competencia externa impulsada por Luis Caputo, sino a un marcado deterioro del poder adquisitivo que ha paralizado las ventas de artículos nacionales e importados por igual.

La industria textil registra su nivel de actividad más bajo.
El portal informativo, con base a lo expuesto por la fundación, agregó que los referentes de la indumentaria atribuyen los altos precios finales a una estructura de costos donde la industria solo representa el 8% del valor de una prenda. Según el sector, la carga impositiva compone el 50% del precio de venta al público, mientras que el 30% corresponde a alquileres y costos financieros, sumado a un 12% destinado a logística y marketing.

El 50% del valor de las prendas son impuestos.
Por otro lado, el propio Luis Caputo admitió que, si bien el país es competitivo en hilados, la confección enfrenta una lucha desigual contra mercados como Bangladesh o Indonesia; aun así, ratificó la apertura para forzar una baja de precios. No obstante, el titular de la cartera económica ratificó su rumbo al sostener que la prioridad es generar competencia para alcanzar mejores productos a precios internacionales, instando a la industria a reconvertirse, mientras su equipo monitorea el impacto de estas medidas.