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CULTURA

Entre médanos y jarillas: historias, testimonios y anécdotas de pioneros de Plottier

Este viernes se presenta el libro de Sandra Arias y Diego Suárez, una obra para cerrar los ojos y ver, para emocionarse y sonreír.

Jorge Gorostiza
Jorge Gorostiza
Hermanos Plottier, 1909. Fuente: Diego Suárez.
Hermanos Plottier, 1909. Fuente: Diego Suárez.

Por recomendación del Negro Sosa, me arrimé a Diego Suárez. Gauchazo, el autor me ha enviado sus apuntes sobre una obra que recuperara memorias de Plottier cuando era poco más que un caserío rodeado de médanos y jarillas. “En 2016 me acerqué a Sandra Arias, directora de Cultura de nuestra ciudad, y a ese banco de memoria viviente integrado por decenas de abuelas y abuelos que encarnan la identidad de nuestra comunidad. Allí surgió la idea de escribir un libro con esas historias, sus anécdotas infantiles, adolescentes y juveniles, en formato de cuentos. El resultado es este libro, Entre médanos y jarillas, pensado originalmente para estudiantes de primaria, aunque resultar ser un material para todas las edades, un camino para conocer sobre nuestros orígenes, los juegos infantiles, el uso medicinal de las plantas nativas, la emoción y la memoria de quienes habitaron este suelo de alamedas, viento y canales de riego", explica Suárez.

“Registramos los testimonios de doce personas y así surgieron los doce cuentos de la primera parte del libro titulado “Dale, contame”. Allí, Nilda Sendra nos cuenta cómo convirtió a una liebre bebé en 'Mi muñeca preferida'; Ramona Cardozo pone su corazón para describir Una escuela en el paraíso; Blanca Romero recuerda cómo intentó sorprender a su familia con la Navidad en Europa; Isabel Valdez de Hiroky, rememora que antes de casarse tuvo un pequeño problemita con sus patos; Julia Romero, trae a la memoria los inviernos, cuando iba en bici a la escuela; Pedro Flores, regresa, engominado y de traje, a ver una carrera en La curva más cerrada; Felisa Cribán prepara su botiquín y va a las escuelas convocando a los niños a vacunarse; Heraclio Espinosa pasa lentamente en un vagón de tren y, apenas ve el cartel de Plottier se enamora de ella; Adelina Figueroa recuerda el paso de la chata y el grito del Verdulero; Francisco Escoda, el jinete del viento, regresa en el tiempo con los ojos cerrados;  Delia Muñoz no deja de reírse ni siguiera durante La misa; y Luis Morales confiesa cómo descubrió que Plottier es su lugar en el mundo”, cuenta el coautor de la obra.

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Alberto Plottier.
Fuente: (HN)

“En la segunda parte del libro, titulada Pelota de trapo, hacemos memoria y contamos cómo era jugar en aquellos años, cuando no había celulares, computadoras ni televisión. Hay, también, una tercera parte, llamada Hojas al viento, que recupera el uso medicinal que las familias le daban a las plantas nativas de la barda o de las orillas del río, cuando era tan complicado encontrar una farmacia y había que arreglarse con lo que se tenía. En el cierre de la obra ofrecemos un modesto puñado de propuestas pedagógicas para trabajar con el libro en el aula”, explica Diego.

A modo de anticipo, compartimos un extracto del capítulo Pelota de trapo. El texto lleva el título de El Pañuelito y dice así: “Para este juego somos un montón. Hacemos una ronda lo más grande posible. Un participante, fuera de la ronda, tiene un pañuelo y corre alrededor de los demás, siempre por afuera. Lo puede hacer en silencio, cantando o bailando. Lo que sea más divertido o misterioso. Sorpresivamente lo deja caer detrás de cualquiera. Inmediatamente, esa persona “elegida”, si descubre el pañuelo, sale a perseguir a quien lo soltó, en ese círculo, hasta alcanzarlo, o no. Si quien suelta el pañuelo, logra dar la vuelta entera sin ser atrapado, gana y se sienta en la ronda. Quien pierde su lugar, toma el pañuelo y debe ser quien de vueltas cantando, en silencio o bailando. Si el que soltó el pañuelo no logra dar la vuelta completa, toma de nuevo su pañuelo y sigue dando vueltas y vueltas hasta soltarlo otra vez”.

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Plottier antiguo, canales de riego.
Fuente: (HN)

“Y el suelo se emociona al saber que tanto niños, como mamis y abuelas lo invitan a su casa, casi a escondidas, agarrándose de las raíces… y recuerda cuando, en un tiempo no muy lejano, las machis compartían su sabiduría ancestral con él, utilizando flores y plantas para aliviar el cuerpo del paciente. Con el correr del tiempo fuimos aprendiendo que, antes, nuestras abuelas usaban todo tipo de hierbas para sanar a sus hijos… a sus nietos… a sus vecinos… a todo aquel que necesitaba ser curado. Y nos dejaron una lista de plantas curativas (“pa cuando ya no estemos”- nos decían): "m'hijo. . . Si Usté necesita curarse, se va a dar un paseíto a la barda y allá se fija qué necesita. . .” Fragmento del capítulo Hojas al viento.

La cita es este viernes, 29 de noviembre, en la Sala de Artes de Plottier, con dos turnos, a las 10 de la mañana y a las 15:30 horas. Docentes y estudiantes están invitados a compartir un momento mágico junto a los autores del libro y las y los protagonistas de las historias. Con narraciones en vivo, ambientes sonoros, música y puesta en escena, la presentación promete ser inolvidable. Escuelas primarias, secundarias y especiales; bibliotecas populares, jardines de infantes, la escuela para adultos y el Instituto de Formación Docente: todas las instituciones han sido invitadas y todas recibirán ejemplares para sus bibliotecas. El evento es completamente gratuito y abierto a toda la comunidad. “Es un libro para conocernos, para querernos, para cuidarnos, para fortalecer nuestra memoria, la necesaria identidad que requiere una  permanente construcción”, concluye Diego Suárez.

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