Desde el jueves 25 de septiembre, Azul Mía Natasha Semeñenko, una mujer trans de 49 años está desaparecida. Ese día no se presentó a su lugar de trabajo, la dirección Provincial de Protección Integral de las Violencias, y sus compañeros advirtieron que algo no estaba bien porque nunca faltó sin avisar. Este viernes 3, se realizó en el Bajo de Neuquén un acto para reclamar por su aparición.
La Policía emitió el pedido de colaboración para su búsqueda. En él detalló que Azul Semeñenko mide 1,79 metros de estatura; tez blanca; cabellos lacios pelirrojos, delgada y de ojos marrones. Fue vista por última vez el jueves 25 de septiembre a las tres de la tarde (en su lugar de trabajo), y vestía una remera blanca, un pantalón tipo chupín blanco y se movilizaba en una bicicleta rodado 29 color flúor. La denuncia por su desaparición la radicó Verónica del Carmen Yáñez en la fiscalía de Delitos contra las Personas.

Pedido de colaboración de la Policía para dar con Azul Mía Natasha Semeñenko. Fuente (Policía de Neuquén)
Lo último que se supo antes de su desaparición fue que en esa semana concurrió al hospital Castro Rendón a una consulta médica. Luego, quienes se quisieron contactar con ella, notaron que el teléfono estaba apagado.
El fiscal Andrés Azar, además de tomarle testimonio a su entorno cercano, dispuso una inspección en la pieza de un inquilinato del barrio Confluencia donde se había mudado. Allí no encontraron signos de violencia. Estaban todas sus pertenencias e incluso sus gatos, lo que para sus compañeros significa algo sumamente extraño porque “jamás hubiera abandonado a sus mascotas”.

Con una concentración en el centro del Bajo neuquino se pidió por su pronta aparición. Fuente (diario LMN)
Este viernes en horas de la mañana, colectivos feministas y empleados de la dirección de Protección Integral de las Violencias realizaron un acto en la esquina de Sarmiento y Don Bosco, a pocos metros del lugar de trabajo de Azul, para reclamar por su aparición con vida.
De la intervención participó Marcos, su hermano, quien señaló: “Estamos muy preocupados, sobre todo mi mamá, que tiene 70 años. Más allá de que estábamos distanciados, ella es nuestra hermana y la queremos sana y salva”. Compungido, puso el acento en el papel de las compañeras de trabajo de Azul al señalar que ellas “estuvieron al frente desde el primer momento, y eso nos da fuerza para seguir insistiendo”.