Durante la mañana del 24 de marzo se realizó un acto por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia en el predio donde funcionó el ex Centro Clandestino de Detención “La Escuelita”, ubicado en la intersección de las calles J. J. Lastra y Chaco. Autoridades, organismos de derechos humanos y familiares se reunieron para honrar a las víctimas del último golpe cívico-militar y fortalecer la democracia.
Durante la ceremonia descubrieron una placa conmemorativa que reafirmó el compromiso social con los valores de Memoria, Verdad y Justicia. El evento finalizó con una intervención artística del grupo “Sureras”, que presentó una pieza de danza contemporánea y folklore ante el público presente.
Autoridades en el acto. Fuente: (X)
La Subsecretaría de Derechos Humanos coordinó el acto que contó con la presencia del ministro de Gobierno, Jorge Tobares, y la secretaria Jefa de Gabinete municipal, María Pasqualini.
Tobares destacó la labor de quienes sostuvieron la búsqueda de justicia durante casi cinco décadas y lograron sentencias contra los responsables de crímenes de lesa humanidad. En su discurso, el funcionario subrayó que la memoria "debe ser un ejercicio permanente que nos permita reflexionar sobre aquel pasado oscuro, sino también tiene que ser motor necesario para que nos impulse hacia un Neuquén y hacia una Argentina de progreso".
La placa conmemorativa. Fuente: (X)
Por su parte, Pasqualini reflexionó sobre el peso histórico del espacio donde operó el centro clandestino y su rol para interpelar a la sociedad actual. La funcionaria remarcó la importancia de transmitir estos hechos a las nuevas generaciones para evitar que se repitan los horrores del pasado. "Nunca el autoritarismo puede reemplazar a la democracia, y nunca el miedo, a la libertad", expresó.
Sara Mansilla, referente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) recordó a figuras emblemáticas como Noemí Labrune y el obispo Jaime De Nevares. Durante el acto, la dirigente destacó que la movilización popular convirtió a Neuquén en la capital de los derechos humanos gracias a la resistencia constante. Mansilla definió el sentimiento de la jornada con una frase contundente: "La esperanza del verbo esperanzar, la que viene acompañada de resistencia, de lucha. La esperanza de que un mundo mejor es posible".