El Camino de la Fe es una de las propuestas turísticas más singulares de la provincia de Neuquén. A lo largo de más de 800 kilómetros de rutas, senderos y paisajes patagónicos, el recorrido enhebra capillas, oratorios y sitios de devoción popular que forman parte del tejido cultural e histórico de la región.
El circuito conecta más de 80 hitos religiosos distribuidos desde el norte profundo de la provincia hasta los rincones de la cordillera sur. Cada uno de esos puntos tiene su propia historia y su propia comunidad, que durante generaciones mantuvo viva la tradición de reunirse en torno a la fe como forma de identidad colectiva.
Es en el Alto Neuquén, entre montañas silenciosas y pequeños parajes casi olvidados en los mapas, donde el recorrido adquiere una dimensión especialmente íntima. Allí, capillas como la Nuestra Señora de Lourdes, en el paraje Ailinco, se erigen como símbolos de una religiosidad rural que persiste a pesar del aislamiento y la distancia.
La capilla de Ailinco es considerada uno de los puntos más emotivos de todo el trayecto. Su emplazamiento en medio de un paisaje agreste, lejos de los grandes centros urbanos, refuerza la sensación de que el viaje en sí mismo forma parte de la experiencia espiritual, y no solo el destino final.
El Camino de la Fe no apunta exclusivamente a un público creyente. La combinación de naturaleza patagónica, arquitectura vernácula y tradiciones locales lo convierte también en una opción atractiva para viajeros interesados en el turismo cultural y de aventura. Muchos de los senderos que unen los distintos hitos atraviesan paisajes de notable belleza escénica.
La propuesta está impulsada desde Neuquén Tur, el organismo provincial de turismo, que la posiciona como una alternativa para desestacionalizar el flujo de visitantes y acercar zonas rurales poco transitadas al circuito turístico regional. El recorrido puede hacerse en etapas, combinando distintos medios de transporte según el tramo elegido.