Llegar a jugar en Boca es el sueño de una buena parte de las personas que buscan dedicarse al fútbol, pero es un objetivo que pocos pueden cumplir. Por eso, para aquellos contados casos, dicha historia es el motivo principal que lo hace sentir orgullosos, incluso cuando el paso fue efímero y poco recordado para la mayoría.
Allá, por los principios de la última década del siglo pasado, el Xeneize comenzó a dejar atrás las malarias para posicionarse nuevamente como uno de los grandes de la Argentina. El campeonato de 1992, que cortó la sequía de más de diez años sin coronaciones, fue el puntapié inicial de la restructuración. Poco tiempo después de dicho título llegó el momento en el que Sergio Sánchez tocó el cielo con las manos. Hoy mira esa temporada 94-95 en la que vistió la camiseta de Boca con mucha alegría mientras conduce un auto de aplicación.

Zapatilla Sánchez jugó 12 partidos en Boca, marcó un gol.
“Yo estaba en la Sexta de Defensa. Vino un representante y me dijo que existía la chance de hacer una prueba en Boca. Me evaluaron una semana, hice goles y quedé”, cuenta Zapatilla, apodo que le quedó por haber utilizado ese calzado para jugar en una gira juvenil por Brasil, en una entrevista con Infobae. Dentro de los grandes lujos que se dio estuvo el hecho de que su estreno en el club de La Ribera lo hizo de la mano de José Luis Menotti. “Me dijo que jugara como en Reserva, sin miedo. Que encarara y que no pasara la pelota hacia atrás. Daba unas charlas increíbles. Tenía mucha paciencia y te daba seguridad y confianza”, relató sobre ese día en el que aportó una asistencia en la victoria 3 a 0 contra Racing.

Tras tres pasos por Defensa, después del retiro fue DT de inferiores.
Sin embargo, pese a lo escaso, el momento que más atesora es haber compartido plantel una semana cuando Diego Maradona regresó a Boca después de que él regresara de Ferro y vuelva a ser cedido a Banfield. “Una semana me alcanzó para pedirle la camiseta que tengo. Me quedó pendiente comer un asado con Diego. Había hablado con Lalo, su hermano, para juntarnos un día cuando dirigía a Gimnasia”, lamentó porque nunca se dio.

En 2020, con 47 años, participó de unos cuantos encuentros con Real Sociedad, un equipo de la liga de Varela.
Otra etapa
Subido en el auto, Zapatilla reconoce que su nueva ocupación no es ninguna frustración. Lo hace con la misma dedicación que lo llevó a jugar en Boca, ser querido en Banfield y casi un ídolo en Defensa y Justicia. Es imposible quejarse de una carrera que le brindó la posibilidad de llegar al fútbol ecuatoriano, francés y belga, con la que pudo comprarse dos inmuebles que sigue utilizando. Respecto al intercambio con los pasajeros, lo cuenta con mucha simpatía.
“Me pasa bastante. Por ahí sube uno y me dice: ‘¿Vos sos Zapatilla?’. Y empezamos a hablar. Es mi mejor carta de presentación, me ayuda. Cuando me conocen, les da confianza que haya sido futbolista y después ya se hacen clientes habituales”, dice. Afortunadamente, ve al deporte como un cambio en su vida que dejó atrás por decisión propia: “los fines de semana ahora son de mis amigos y mi familia”.