Tras un enero récord, febrero de 2026 mostró una leve desaceleración mensual en la producción de petróleo en Neuquén, aunque con números que confirman una tendencia de crecimiento sostenido en el tiempo. Vaca Muerta continúa consolidándose como el eje central del desarrollo hidrocarburífero del país.
Los datos difundidos por el Ministerio de Energía de Neuquén reflejan que, durante enero, la provincia había alcanzado un máximo histórico de producción con más de 610 mil barriles diarios, impulsados principalmente por el shale oil de Vaca Muerta. Ese registro posicionó a Neuquén como el principal motor petrolero del país. En febrero, la producción se ubicó en torno a los 603.793 barriles diarios, lo que implicó una leve caída mensual del 1,13%.

En febrero, la producción se ubicó en torno a los 603.793 barriles diarios. Fuente: (X)
Este ajuste se explicó en gran parte por la menor actividad en áreas clave como Loma Campana, La Amarga Chica o Rincón de Aranda, entre otras. Sin embargo, la comparación interanual muestra un crecimiento contundente superior al 30%, lo que evidencia que el retroceso mensual responde más a variaciones operativas que a un cambio de tendencia.
El comportamiento del gas natural también mostró matices. En febrero se registró una producción de 97,79 millones de metros cúbicos diarios, con un crecimiento del 7% respecto a enero. Este repunte estuvo impulsado por áreas como Aguada Pichana Oeste, Sierra Chata y Rincón del Mangrullo, que siguen aportando volúmenes relevantes al sistema.

Vaca Muerta continúa consolidándose como el eje central del desarrollo hidrocarburífero del país. Fuente: (X)
El peso del no convencional dentro de la producción total es cada vez más marcado. En petróleo, representó cerca del 97% del total provincial, mientras que en gas superó el 90%. Estos números dejan en claro que Vaca Muerta no solo sostiene el nivel actual de actividad, sino que define el futuro energético de Argentina.

En petróleo, representó cerca del 97% del total provincial. Fuente: (X)
En ese escenario, el aporte del shale gas y el tight gas resulta determinante para sostener la oferta, mientras que el convencional continúa perdiendo protagonismo. La dinámica confirma una transformación estructural del sector, donde la tecnología y la escala de los proyectos no convencionales permiten compensar la declinación de los yacimientos maduros.