El cuerpo habla, las caras no mienten, los gestos son elocuentes y lo que sucedió entre los duques de Cambridge y los ex duques de Sussex no pasó desapercibido: de un lado, el Príncipe William y Kate Middleton; del otro, Harry y Meghan Markle. Volvieron a verse después de dos meses y la pésima relación entre ellos quedó al descubierto. Sí, sus caras lo dijeron todo.
Fue el momento más incómodo del regreso al Reino Unido para Meghan Markle luego de los abucheos que recibió junto a Harry por parte de ciudadanos londinenses el viernes antes de una gala: ahora el escenario donde la tensión se cortaba con un hilo fue en la abadía de Westminster.
No hubo coro ni discurso durante la misa que uniera a Meghan Markle y al Príncipe William, enfrentados desde que la actriz se mudó con Harry a Canadá y toda la escena tuvo una testigo de lujo que ha visto con sus propios ojos cómo se desarma la familia real británica: la Reina Isabel.

Ni siquiera el hecho de que fuera el último acto oficial de Meghan Markle y Harry ha permitido una tregua entre Meghan Markle, Harry, el Príncipe William y Kate Middleton: ni siquiera se saludaron con un apretón de manos o un beso en la mejilla. Mucho menos se dirigieron la palabra.
Ubicados cada uno en su fila, escucharon los rezos y tampoco cruzaron saludos al finalizar la ceremonia. Solo Meghan Markle había pronunciado una palabra hacia ellos con una cara que tampoco intentó disimular: "Hey", les dedicó a lo que el Príncipe William y Kate Middleton tampoco respondieron.

Kate Middleton y Meghan Markle se han llevado toda la atención de las cámaras y también han tomado una decisión polémica hacia la Reina Isabel: a diferencia del año pasado, no la acompañaron en el desfile de entrada como ambas lo hicieron el año pasado. Tiene sentido: han pasado 12 de meses de aquella vez y la familia real británica ha vivido el año más escandaloso de los últimos tiempos.
Una presencia incómoda para Meghan Markle también fue la de Camilla Parker Bowles, una de sus principales enemigas dentro de la Corona británica: las gaitas y las campanas del templo es lo único que se ha escuchado cuando inevitablemente se cruzaron: el guión fue el previsto, se esperaba un gesto de grandeza de ambas partes, pero no ha pasado. Y este es el triste final de los cuñados que de familia ya no conservan nada.