Meghan Markle no descansa pese a las comodidades imaginadas de su mansión en Malibú: la mujer de Harry se mantiene en el más absoluto silencio ultimando los detalles para lo que será su histórica entrevista con Oprah Winfrey a cambio de un millón de dólares. Mientras tanto, las expertas en realeza rompen el silencio.
Nunca jamás, ni en las peores de sus pesadillas, Meghan Markle imaginó que tanto iba a sufrir dejar la familia real británica. Que tanto esfuerzo iba a costarle decirle adiós a la Reina Isabel y toda la familia de Harry. Y sobre todo, que tantas cosas debería sacrificar en busca de una libertad que no ha encontrado en Canadá y ahora busca en Estados Unidos.
Meghan Markle ha llegado a Los Ángeles, California, luego de decidir junto a Harry y Archie buscar una vida alejada de la presión diaria de ser una duquesa de Sussex. El dolor que la persigue ha sido revelado por Ashley Pearson, experta en la familia real británica, quien rompió el silencio pese al pedido de hermetismo de la familia real sobre el tema.

"Meghan Markle nunca imaginó vivir lo que vivió. Se imaginaba algo completamente diferente", reveló Pearson, al reconocer que Meghan sabía que iba a ser complicado comenzar una nueva vida en Reino Unido, tan lejos de su país, de su familia y de sus amigos más cercanos, lazos sentimentales que nunca pudo suplir en Londres.
Pearson ha confirmado que Meghan Markle "era consciente de que tenía que aprender mucho y adaptarse a situaciones muy complicadas". Y confirmó la peor sospecha de todas: "No valoró en un primer momento que iba a tener que renunciar a algunos aspectos muy valiosos para ella", consigna Vanitatis.

Las restricciones a las que se vio sometida Meghan Markle abundan: como miembro de la familia real nunca se le ha permitido posicionarse sobre política ni manifestarse a favor de los conservadores o laboristas, una opción cantada si se tiene en cuenta su simpatía por los demócratas en Estados Unidos con Hillary Clinton como estandarte.

Las expectativas de Meghan Markle no se han cumplido: cada vez que rompió el protocolo profundizó el rechazo de sus principales enemigas en la Corona: la Reina Isabel, Kate Middleton y Camilla Parker, quien hasta se quedó con su armario valuado en más de 1 millón de dólares. Sin voz ni voto, Pearson reveló por último la razón del portazo histórico: "Meghan no quería ser una funcionaria con tiara".