La Reina Letizia perdió el miedo que tanto tiempo la acompañó durante la cuarentena y se ha animado a salir del Palacio de Zarzuela para dejar la tiara en el cajón y ponerse la ropa de fajina, convirtiéndose en una voluntaria más de la Cruz Roja.
La decisión fue ideada el fin de semana al máximo detalle con todos los cuidados del caso para evitar contagios o trabajo en zonas de riesgo, y hemos visto a la Reina Letizia en una imagen atípica con los trabajadores sanitaristas codo a codo.
Sin dejar de lucir el chaleco rojo tan distintivo de la Cruz Roja, la Reina Letizia ya había tenido reuniones con médicos y voluntarios, pero nunca había repetido la lejana experiencia realizada en Mozambique.
La Reina Letizia, siempre sin salir de su despacho, había dedicado especial dedicación al programa Responde durante estas semana, el proyecto desarrollado por la Cruza Roja durante la crisis del COVID-19 con más de 40.000 voluntarios.
Se trata de uno de los mayores logros durante la crisis sin precedentes que ha tenido en España a uno de los países con mayores casos confirmados de contagiados, y que en los primeros días ha tenido en vilo a la mismísima Reina Letizia.
A principios de marzo, la Reina Letizia se reunió con la Ministra de Igualdad, Irene Montero, quien unas horas después recibió el resultado más difícil que alguien podía esperar: positiva decoronavirus. La noticia obligó que Ortíz se aislara inmediatamente.
Afortunadamente para todos, la Reina Letizia dio negativo, pero a diferencia de la Reina Máxima o Kate Middleton, le costó más de lo pensado tomar esta clase de salidas dejando atrás la seguridad del despacho de Zarzuela. Un acto conmovedor de valentía y compromiso que, sin lugar a dudas, no hace más que transmitir orgullo y un halo de esperanza sobre el futuro de toda España.