Seguramente, en algún momento de la etapa escolar, te pidieron hacer un experimento germinando plantas. Es muy divertido y emocionante ver cómo se desarrollan. Además, hay muchas semillas y legumbres de las que se pueden sacar incluso brotes comestibles.
La primavera es propicia para germinar todo tipo de especies, ya que el ambiente más templado hace que se desarrollen mucho mejor. Si estás buscando cómo hacer este proceso tan sencillo, lo primero que tenés que hacer es conseguir algunas semillas.

Brotes muy sencillos de hacer.
Pueden ser lentejas, porotos, fenogreco o cualquier otra semilla que te guste. Para comenzar con los brotes, vas a colocar unas cuantas en un bol y las vas a tapar con agua para que comiencen a remojarse. Tienen que permanecer hidratadas por unas 8 horas aproximadamente. Pasado este tiempo, vas a enjuagar y escurrir.

Una técnica muy fácil.
Cuando tengas todas escurridas, vas a colocar en un frasco de vidrio esterilizado unas 3 o 4 cucharadas de las legumbres. En vez de ponerle la tapa, lo vas a cubrir con una gasa, tul, lienzo o trapo que deje pasar el agua sobrante. Después, tenés que conseguir un espacio en tu casa que no reciba luz directa.
Tenés que colocar el frasco boca abajo con una leve inclinación; podés ocupar un bol o tupper para ayudarte. Tenés que dejarlo reposar, recordando enjuagar todo el contenido del frasco y volviendo a escurrir al menos 3 veces al día, y luego volvé a colocarlo en su lugar.

Así te salen seguro.
Después de dos días, ya vas a ver los primeros germinados. Sin embargo, después de cinco días, vas a encontrar unos brotes mucho más largos y las semillas comenzarán a abrirse. Ese es el momento ideal para ponerlos al sol, así toman un color mucho más verde. Cuando estén listos para consumir, lavalos, escurrilos y guardalos en un recipiente con papel absorbente en el fondo, así te durarán una semana.