Si hay un ingrediente que no puede faltar en tu hogar, es el bicarbonato de sodio. Este polvo blanco, económico y fácil de conseguir, tiene un poder de limpieza que compite con los productos industriales, pero sin dañar el medio ambiente ni dejar residuos químicos.
En el baño, se convierte en un gran aliado para eliminar la suciedad y las manchas de sarro. Solo tenés que mezclar dos cucharadas de bicarbonato de sodio con un poco de agua hasta formar una pasta espesa. Aplicala sobre el inodoro, la bacha o los azulejos, dejá actuar unos minutos y frotá con una esponja. Vas a notar cómo recuperan su brillo original.

Es un ingrediente económico y fácil de conseguir.
También podés combinar bicarbonato de sodio con vinagre blanco para limpiar el desagüe o eliminar malos olores: verté media taza de bicarbonato, seguida de media taza de vinagre, esperá que burbujee y enjuagá con agua caliente.

En el baño elimina el sarro y los malos olores.
En la cocina, el bicarbonato demuestra toda su versatilidad. Sirve para limpiar mesadas, hornallas, piletas de acero y hasta ollas quemadas. Si querés sacar la grasa más difícil, mezclalo con unas gotas de limón y frotá con una esponja húmeda. Además, actúa como desodorante natural: un pequeño recipiente con bicarbonato dentro de la heladera absorbe los olores sin cubrirlos con fragancias artificiales.

En la cocina ayuda a sacar la grasa muy fácil
Más allá de sus múltiples usos, su gran ventaja es que reemplaza a varios productos de limpieza en uno solo. Con un simple frasco de bicarbonato de sodio, podés mantener tu baño y cocina impecables, ahorrar dinero y cuidar el planeta al mismo tiempo.