En un rincón húmedo y boscoso del este australiano vive una de las aves más sorprendentes del planeta. Aunque tiene alas, no es precisamente fan del vuelo. Y aunque parece tímida, se las arregla para hacerse notar como pocas. Hablamos del Menura, más conocido como ave lira, un género que incluye dos especies fascinantes: el ave lira soberbia (Menura novaehollandiae) y el ave lira de Alberto (Menura Alberti). Estas aves, que se mueven con comodidad por el suelo del bosque, son una verdadera rareza dentro del mundo de los paseriformes. Y como si su aspecto no fuera suficiente para llamar la atención, también se convirtieron en todo un símbolo nacional. De hecho, la lira soberbia aparece nada menos que en la moneda de diez centavos de dólar australiano.

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Lo primero que impacta al ver a un macho de lira soberbia es su impresionante cola, que puede llegar a medir más de medio metro y tiene una forma de abanico decorado con plumas que imitan una lira clásica. Esta estructura tarda siete años en desarrollarse y se despliega solo en momentos clave, como durante el cortejo. Los Menura machos no solo son polígamos, sino que tampoco participan en la crianza y apenas interactúan con las hembras fuera del apareamiento. Viven en territorios grandes y bien marcados, que suelen defender con todo, ya sea con despliegues visuales o con vocalizaciones que pueden escucharse a más de un kilómetro de distancia.

Las aves lira no están adaptadas a caminar y a volar correctamente, por eso normalmente planean.
Una de las cosas que vuelve al Menura novaehollandiae un verdadero fenómeno natural es su habilidad para imitar sonidos. Y no hablamos solo del canto de otros pájaros. La lira soberbia puede copiar desde motosierras e instrumentos hasta cámaras de fotos, risas humanas o alarmas. Tiene un repertorio que supera las 200 especies de aves y hasta reproduce con asombrosa fidelidad ruidos del entorno humano. En cambio, su pariente más discreta, la lira de Alberto, también posee esta capacidad, pero en un rango más limitado. Aun así, ambas especies de Menura comparten ese talento que las convierte en artistas del engaño acústico.

Es uno de los paseriformes más grandes.
A pesar de que pasan la mayor parte del tiempo en el suelo, estas aves duermen bien alto, en las copas de los árboles. Son bastante reservadas y difíciles de observar, sobre todo cuando están solas en sus grandes territorios. En cuanto a su alimentación, la lira soberbia no tiene paladar exigente. Se alimentan de todo lo que encuentran bajo las hojas y troncos en descomposición. Su dieta incluye lombrices, escarabajos, ciempiés, hormigas, arañas y hasta escorpiones. Usan sus patas fuertes y uñas afiladas para remover el suelo en busca de presas, lo que demuestra que además de ser buenos imitadores, también son hábiles excavadores. Asimismo, cumplen un rol clave en el equilibrio del ecosistema, ya que contribuyen a regular la descomposición de la hojarasca y a mantener la estructura del suelo en los bosques donde habitan. Sin dudas, el Menura es una verdadera joya australiana que brilla con su estilo único y que se ganó un lugar entre las aves más espectaculares del mundo.
Más curiosidades del Menura novaehollandiae
La lira soberbia, una de las aves más llamativas del este australiano, se distingue por su plumaje marrón en la parte superior y gris en el vientre, con alas redondeadas y patas largas de tono gris oscuro. En esta especie, todo el trabajo de nidificación recae sobre la hembra. Durante el otoño y el comienzo del invierno, dedica alrededor de 160 horas a recolectar materiales y construir el nido. Al poner su único huevo, lo incuba solo durante el 45% del tiempo con luz solar, ya que deja el nido entre tres y seis horas cada mañana. En ese intervalo, la temperatura del embrión puede descender a 10 °C o menos, lo que interrumpe su desarrollo y explica por qué la incubación dura mucho más que en otros paseriformes.

Un Menura en pleno cortejo.
Pero además de su comportamiento reproductivo tan particular, el Menura novaehollandiae también se destaca por el increíble show que hace el macho a la hora del cortejo. Despliega su cola y la proyecta hacia adelante sobre su cabeza, lo que crea una especie de marquesina blanca y brillante. Las plumas se alinean por encima de su espalda y caen hacia el frente para formar un abanico plateado. Mientras canta con un tono melódico y sostenido, gira lentamente y, si una hembra aparece, cambia el ritmo. Sacude las plumas sin abrirlas por completo, emite un cloqueo peculiar y luego realiza movimientos semicirculares alrededor de la hembra, seguidos de saltos hacia adelante y atrás. Todo el espectáculo concluye con un sonido rítmico que termina en dos notas largas, muy similares a las de unas campanadas.