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Seguro no lo sabías: qué significa que un Tero cante cerca de tu casa

Descubrí qué hay detrás del canto de esta ave.

Luciana Richard
Luciana Richard
Tero. Fuente: (Instagram)
Tero. Fuente: (Instagram)

En muchas casas del interior argentino, el canto del tero puede ser más que un simple sonido de fondo. El Vanellus chilensis, conocido también como queltehue o quero quero, es una de las aves más populares de Sudamérica. Con su andar elegante y ese particular grito agudo que rompe el silencio del campo, este pájaro no solo llama la atención por su figura simpática, sino también por el misterio que encierra su voz. Aunque suele vivir en descampados, pastizales o cerca de lagunas y cañadas, no es raro verlo en zonas urbanas, patios grandes o jardines, donde incluso algunos lo adoptan como mascota por su carácter vivaz.

El canto de este pájaro, agudo y persistente, tiene múltiples interpretaciones en la cultura popular. Para muchos, escuchar al tero gritar insistentemente cerca de casa es una señal de alerta, de que algo o alguien extraño ronda por los alrededores. No es casual que se lo considere una especie territorial y defensiva. Si percibe un peligro, no duda en hacer sonar su alarma natural. En zonas rurales, aseguran que estas aves advirtieron más de una vez sobre la presencia de animales peligrosos o personas desconocidas cerca del área.

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El canto del tero se transformó en una especie de sistema de vigilancia natural.

Pero además del sentido práctico, al canto de este ejemplar se le atribuyen otros significados cargados de tradición. Hay quienes aseguran que cuando canta mucho anuncia lluvia y otros dicen que anticipa la llegada de algún pariente. Por su actitud protectora, muchas personas lo asocian con la idea de un guardián del hogar, un centinela emplumado que avisa, protege y se hace escuchar. Así, cada vez que un tero canta cerca de tu casa, no es solo un ruido de fondo, puede ser un mensaje que conviene prestar atención.

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El tero es un ave caradriforme del género Vanellus.

 

Curiosidades del tero

El tero es un ave zancuda pequeña de 30 a 36 cm, con cola mediana y cabeza grande de corona aplanada gris con bordes blancos cerca del ojo y pico. La frente, lorum y garganta son negros, que forman una franja que cubre pecho y abdomen. Tiene una cresta fina gris, pico corto rojo pálido con punta negra, cuerpo verde oliváceo, hombros iridiscentes y vientre blanco. En los codos de las alas presenta espolones rojizos, ojos redondos rojos y patas largas y delgadas de color rojo vibrante con tres dedos hacia adelante y uno muy corto hacia atrás. En días de mucho calor o cuando se siente amenazado, pliega las patas por completo, aunque normalmente se lo puede ver mientras descansa sobre una pata y la otra permanece pegada al cuerpo. También suele quedarse quieto y dobla las patas hacia atrás. Al caminar o mantenerse inmóvil, realiza movimientos de “agachadas” cuyo motivo todavía no se conoce.

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Tiene un porte muy elegante. Foto: (Yasmín Favarato). 

El cuidado de los huevos o de los polluelos lo lleva adelante en parejas o en tríos, y defienden agresivamente su nido frente a cualquier amenaza. El método que emplean consiste en que un adulto permanece alerta en el suelo al cuidado de las crías, mientras el otro vuela hacia el peligro con la intención de golpearlo con sus espolones. No detiene el ataque hasta lograr ahuyentar al intruso. Su alimentación se basa principalmente en invertebrados, sobre todo insectos, aunque también captura pequeños vertebrados como lagartijas y come carne cruda. Para cazar, corre dos o tres pasos, se detiene y lanza un picotazo hacia adelante. Otra técnica que usa consiste en remover la tierra con las patas para detectar lombrices bajo la superficie, las cuales extrae con su pico. En su dieta también incluye semillas.

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Es una ave muy territorial. 

Generalmente, estas aves se agrupan en bandadas y son muy cuidadosas con sus pichones. Construyen sus nidos en el suelo, en espacios abiertos, lo que los vuelve sensibles a ruidos y movimientos extraños. Su astucia para proteger el nido se manifiesta cuando simula incubar en otro lugar para distraer al intruso. En ocasiones realiza vuelos cortos, alejándose del nido con la apariencia de no poder volar bien, como si estuviera herido. Repite esta maniobra varias veces a mayor distancia hasta que el peligro desaparece. También hace vuelos rasantes sobre el extraño, incluso rozándolo con sus espolones. Cuando enfrenta aves rapaces o felinos, apunta hacia el rostro hasta lograr que se retiren. El nido es un pequeño agujero en un descampado apenas señalizado con ramitas y hierbas, por lo que resulta muy difícil de distinguir. La pareja pone sus huevos a finales del invierno y puede repetir la postura varias veces durante el año. La incubación dura veintiséis días y los huevos tienen un color gris verdoso con pequeñas manchas oscuras. Tanto el padre como la madre se encargan del cuidado de los pichones una vez que nacen.