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Psicología

Qué revela la psicología sobre las personas que se duermen con la televisión prendida

Para algunas personas es una costumbre inofensiva; para otras, una necesidad difícil de abandonar.

Sofia Corzo Cano
Sofia Corzo Cano
Dormir con la televisión prendida. Fuente: (X)
Dormir con la televisión prendida. Fuente: (X)

Dormirse con la televisión prendida es una escena cotidiana en muchos hogares. Aunque suele asociarse al cansancio o a la costumbre, la psicología sostiene que este hábito puede revelar aspectos profundos del funcionamiento emocional y mental de una persona. No se trata solo de ruido de fondo: detrás de esta conducta hay necesidades, mecanismos de defensa y formas de gestionar el silencio y la soledad.

Según distintos enfoques psicológicos, las personas que se duermen con la televisión prendida suelen experimentar una dificultad para desconectar la mente al final del día. El sonido constante actúa como un distractor que evita que aparezcan pensamientos intrusivos, preocupaciones o rumiaciones mentales. En ese sentido, la TV funciona como una especie de “anestesia” emocional que facilita el pasaje al sueño.

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Uno de los factores más mencionados por la psicología es la intolerancia al silencio. Para algunas personas, el silencio nocturno intensifica la percepción de soledad o activa estados de ansiedad. Dormir con la televisión encendida genera una sensación de compañía simbólica, como si hubiera presencia humana en el ambiente, lo que brinda calma y seguridad.

También se vincula este hábito con niveles elevados de estrés. Quienes atraviesan períodos de alta exigencia laboral o emocional pueden recurrir a la televisión como una forma automática de desconexión. La mente, saturada durante el día, encuentra en las imágenes y voces una vía rápida para bajar la guardia y relajarse, aunque no siempre sea la más saludable.

Desde la psicología del sueño, se advierte que dormirse con la TV prendida puede afectar la calidad del descanso, incluso si la persona cree dormir bien. La luz y los cambios de sonido alteran las fases profundas del sueño, lo que puede generar despertares nocturnos, cansancio al despertar o dificultad para concentrarse durante el día. Sin embargo, el hábito persiste porque el alivio emocional inmediato pesa más que las consecuencias a largo plazo.

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Otro punto clave es el componente emocional aprendido. Muchas personas que hoy necesitan dormirse con la televisión prendida incorporaron este hábito en momentos de vulnerabilidad: mudanzas, rupturas, duelos o etapas de soledad. Con el tiempo, el cerebro asocia la TV con la sensación de calma y la convierte en un ritual nocturno difícil de abandonar.

La psicología también señala que no todas las personas que duermen con la televisión prendida tienen un problema emocional. En algunos casos, se trata simplemente de una rutina automática. Sin embargo, cuando la persona siente ansiedad al intentar dormir en silencio o no logra conciliar el sueño sin la TV, puede ser una señal de que hay algo más que atender.

Entender qué dice la psicología sobre dormirse con la televisión prendida permite mirar este hábito sin juicio, pero con atención. Escuchar el silencio, crear rutinas de descanso más saludables o reemplazar la TV por sonidos suaves pueden ser pequeños pasos para mejorar el vínculo con el sueño y con uno mismo.