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Golpes de calor en perros y gatos: una amenaza silenciosa que puede ser mortal

Con temperaturas extremas y olas de calor cada vez más frecuentes, expertos advierten sobre la importancia de reconocer los primeros síntomas.

Fernanda González
Fernanda González
Golpe de calor. Fuente: (Instagram)
Golpe de calor. Fuente: (Instagram)

Con las olas de calor cada vez más frecuentes en los meses de verano, las altas temperaturas no solo ponen en riesgo a las personas, sino también a nuestras mascotas. Perros y gatos, con mecanismos de regulación térmica muy distintos a los nuestros, enfrentan una vulnerabilidad especial cuando el mercurio sube. Aunque para muchos un paseo al atardecer o la siesta bajo el sol parecen inofensivos, la realidad es que los golpes de calor en animales domésticos pueden desencadenarse rápidamente y convertirse en una emergencia veterinaria con consecuencias graves o incluso fatales. 

Este fenómeno ocurre cuando el animal no puede disipar el exceso de calor, y su temperatura corporal se eleva de forma peligrosa. A diferencia de los humanos, que regulamos la temperatura mediante la sudoración, los perros jadean y los gatos recurren al acicalamiento para intentar refrescarse, mecanismos que, en ambientes muy calurosos o húmedos, resultan claramente insuficientes. 

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Señales de alarma: reconocer el golpe de calor

Detectar un golpe de calor a tiempo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte de una mascota. Los primeros síntomas suelen ser sutiles y pueden confundirse con un simple malestar por el calor, como jadeo excesivo y respiración dificultosa. Sin embargo, según veterinarios y organismos especializados, si estos signos persisten o se intensifican, es clave considerar que podría tratarse de algo más serio. 

Además del jadeo, las mascotas pueden presentar taquicardia, temblores musculares, salivación abundante, falta de apetito, decaimiento o letargo. En casos más graves, pueden aparecer mucosas de coloración azulada (cianosis), convulsiones, vómitos y diarrea (incluso con sangre) e incapacidad para levantarse o desorientación. En gatos, el jadeo es especialmente preocupante, ya que no es una respuesta normal al calor en esta especie y requiere atención inmediata. 

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Qué hacer si sospechás que tu mascota sufre un golpe de calor

Ante la sospecha de que un perro o un gato está padeciendo un golpe de calor, la rapidez es vital. Lo primero es trasladar al animal a un ambiente fresco y ventilado: una habitación con sombra, un espacio con aire acondicionado o, en su defecto, bien aireado. Evitar el sol directo y los lugares cerrados y calientes, como el interior de un auto, puede marcar la diferencia, ya que en pocos minutos la temperatura interna de un vehículo estacionado puede alcanzar niveles mortales. 

Para ayudar a bajar la temperatura corporal de la mascota, se puede humedecer su cuerpo con agua a temperatura ambiente (nunca hielo ni agua muy fría, ya que puede provocar un choque térmico). Mojar áreas como el abdomen, las axilas y las patas, acompañado de ventilación con un abanico o corriente de aire, contribuye a la disipación del calor. Ofrecer agua fresca en pequeñas cantidades sin forzar la ingesta también puede ayudar a rehidratarlo mientras llegás al veterinario. 

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Alimentación e hidratación: claves para el verano

Más allá de las emergencias, la hidratación constante de los perros y gatos es una de las principales herramientas preventivas contra los efectos del calor. Es fundamental que los bebedores de agua estén siempre llenos y limpios, con acceso permanente a agua fresca. Algunos especialistas recomiendan incluso bebidas más atractivas para los animales, como cubitos de caldo o recipientes con agua distribuida en distintos puntos de la casa, para animarlos a beber con más frecuencia. 

En cuanto a la alimentación, incluir alimentos con mayor contenido de humedad, como comida húmeda para mascotas o incluso frutas ricas en agua, cuando sean seguras para ellos (por ejemplo, sandía sin semillas para perros), puede ser útil para aportar líquidos adicionales. Evitar comidas pesadas o altas en grasas en las horas de mayor calor puede contribuir a que el organismo de la mascota no genere más calor interno del necesario. 

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Prevención antes que reacción

La prevención del golpe de calor pasa por adaptar las rutinas de nuestras mascotas a las condiciones climáticas. Las horas más cálidas del día deben reservarse para descansar en espacios frescos o con sombra, y los paseos y ejercicios físicos, especialmente para los perros, deberían planificarse temprano en la mañana o al anochecer. Las superficies como el asfalto pueden calentarse mucho más que el aire ambiente, llegando a quemar las almohadillas de las patas; una regla práctica es colocar la mano sobre el suelo por unos segundos: si quema a tu tacto, también será peligroso para ellos. 

Adicionalmente, los animales con pelaje muy denso, las razas braquicefálicas (como bulldogs o persas), los cachorros y los animales mayores o con problemas de salud preexistentes requieren especial atención porque son más vulnerables al calor extremo.

Los golpes de calor en perros y gatos son una emergencia real, pero también una situación prevenible con cuidados simples, observación atenta y acceso constante a agua y sombra. Reconocer los signos de alarma y actuar con rapidez no solo puede salvar la vida de tu mascota, sino también transformar el verano en una estación segura y placentera para toda la familia de dos y de cuatro patas.