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SALUD

Ni azúcar ni edulcorante: la opción que recomiendan algunos nutricionistas

Hacer esto puede ser la clave para mejorar la salud metabólica.

Fernanda González
Fernanda González
Azúcar. Fuente: (Instagram)
Azúcar. Fuente: (Instagram)

Durante años, el debate estuvo planteado como una elección obligada: azúcar o edulcorante. Sin embargo, en el último tiempo, nutricionistas y profesionales de la salud comenzaron a poner el foco en una tercera alternativa que gana terreno y cambia el enfoque tradicional sobre el consumo de lo dulce.

La preocupación no pasa solo por las calorías o el impacto en el peso corporal, sino por cómo el hábito de endulzar todo lo que se consume influye en el paladar, el metabolismo y la relación con la comida. En ese contexto, algunos especialistas proponen una opción que, aunque simple, no siempre resulta fácil de implementar.

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Reducir el dulzor, la alternativa que suma consenso

La recomendación que empieza a escucharse con más fuerza no apunta a reemplazar el azúcar por otro producto, sino a acostumbrar al paladar a sabores menos dulces, dejando de endulzar bebidas y preparaciones de forma habitual. Según explican nutricionistas, esta estrategia ayuda a disminuir el deseo constante por alimentos azucarados y mejora la percepción natural de los sabores.

El consumo frecuente de azúcar está asociado a picos de glucosa, mayor riesgo de caries y problemas metabólicos, mientras que algunos edulcorantes, aunque no aporten calorías, pueden mantener activa la preferencia por lo dulce e incluso generar efectos indeseados en personas sensibles, como hinchazón o molestias digestivas.

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Al reducir progresivamente el dulzor, el cuerpo se adapta. Bebidas como el café, el té o las infusiones comienzan a percibirse de otra manera y muchos alimentos recuperan su sabor original, sin necesidad de agregar ningún tipo de endulzante.

Un cambio gradual que impacta en el hábito diario

Los especialistas aclaran que no se trata de eliminar el azúcar de forma estricta ni de demonizar los edulcorantes, sino de evitar su uso automático y constante. El objetivo es reservar el sabor dulce para ocasiones puntuales y no como una presencia fija en cada comida o bebida del día.

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Este enfoque también tiene un impacto positivo en el control del apetito, ya que el consumo frecuente de sabores intensamente dulces puede aumentar el deseo por alimentos ultraprocesados. Al reducir esa estimulación, muchas personas notan menos antojos y una relación más equilibrada con la comida.

En un escenario donde la salud metabólica y el bienestar digestivo ocupan un lugar central, la propuesta de “menos dulce” se consolida como una alternativa simple, accesible y cada vez más respaldada por profesionales, que invita a repensar hábitos cotidianos sin caer en extremos.