El uso de collares antiparasitarios y antipulgas es una de las formas más elegidas para proteger a los perros de pulgas, garrapatas y otros parásitos. Sin embargo, especialistas advierten que un error muy frecuente puede hacer que el tratamiento no funcione e incluso ponga en riesgo la salud del animal.
Aunque muchos dueños creen que con solo colocarlo alcanza, lo cierto es que el collar antiparasitario requiere una colocación correcta para que libere sus componentes de forma efectiva. De lo contrario, el perro puede quedar expuesto a enfermedades transmitidas por parásitos, como infecciones cutáneas o incluso patologías más graves.

El error más común con el collar antiparasitario
El principal error es colocar el collar demasiado suelto. Aunque parezca más cómodo para el animal, esto impide que el producto tenga contacto directo con la piel, lo que reduce drásticamente su efectividad.
Los collares están diseñados para liberar sustancias de forma progresiva que se distribuyen a través del contacto con el cuerpo del perro. Si el collar queda “colgando”, ese proceso no se produce correctamente, convirtiéndose en un accesorio inútil.

Cómo usarlo correctamente
Los veterinarios recomiendan un ajuste preciso: deben poder entrar dos dedos entre el cuello del perro y el collar, pero sin que quede flojo. Además, es clave revisarlo periódicamente, ya que con el uso puede aflojarse o, en el caso de los cachorros, quedar demasiado apretado a medida que crecen.
También se aconseja cortar el excedente del collar para evitar que el perro lo muerda o se enganche, lo que podría generar riesgos adicionales.

Otros errores que pueden afectar la salud de tu mascota
Además de la mala colocación, hay otros fallos frecuentes que pueden comprometer la protección:
No revisar el estado del collar con el tiempo
Usarlo más allá de su duración recomendada
Pensar que protege contra todos los parásitos
No consultar con un veterinario ante reacciones en la piel
El collar antiparasitario puede ser un gran aliado en el cuidado de tu perro, pero solo si se usa correctamente. La clave está en prestar atención a los detalles y entender que, en estos casos, lo simple no siempre es automático: hacerlo bien es lo que realmente cuida su salud.