La paciencia de la Reina Sofía tiene un límite: ha soportado lo insoportable, ha escuchado lo indecible y ha visto con sus propios ojos situaciones tan delicadas protagonizadas por Juan Carlos que el divorcio está en puerta y no hay nada que el Rey Felipe pueda hacer para evitarlo.
Si bien toda España sabe que la relación entre los padres del Rey Felipe está rota desde hace tiempo, los escándalos de esta semana terrible para la Familia Real que se termina habrían sido suficientes para la Reina Sofía.

De hecho, una vez finalizado el confinamiento, la separación física será un hecho: la Reina Sofía tiene las valijas listas para irse de Zarzuela y sólo resta definir el destino: Mallorca o Grecia.
Por el lado del Rey Juan Carlos el destino se debate entre Santo Domingo o República Dominicana, aunque han surgido versiones que desmintieron a "Vanity Fair": son amigos del emérito quienes han asegurado que está acostumbrado a las tormentas que ha piloteado durante 39 años y se quedará en España.

La principal causa del inminente divorcio concreto con firma de papeles y todos los trámites pertinentes tiene nombre y apellido: Corinna Larsen. La amante del Rey Juan Carlos no ha hecho más que lastimar como nadie a la Reina Sofía.
El drama de los padres del Rey Felipe comenzó cuando el Juan Carlos y su amiga más especial se conocieron en 2004, pero todo salió a la luz en una gira de caza en Botsuana.

Dos meses antes que el padre del Rey Felipe se rompiera la cadera en Botsuana y salga a la luz su affaire con Corinna, Juan Carlos invitó a sus tres hijos: Felipe, Cristina y Elena a cenar en "El Landó", un famoso restaurante madrileño en la Plaza de Gabriel Miró.
Pese a todo lo revelado, que incluyó hasta la supuesta paternidad de un niño idéntico al Rey Felipe que sería de Juan Carlos y Corinna, la Casa Real ya no ha podido guardar las apariencias: son días críticos puertas adentro, las mentiras se caen, todos los secretos salen a la luz y el fin de la relación matrimonial sería inminente. Para alquilar balcones.