Minuto Neuquen

MITOLOGÍA EN ALPARGATAS

El loco de la colina

¿Cómo fue concebido el héroe Ulises? ¿Quién inventó las esposas? ¿Cuál es el truco pa' escapar a la muerte? Pasen y lean.

Jorge Gorostiza
Jorge Gorostiza
Fin de año y cuesta arriba. Fuente: Facebook.
Fin de año y cuesta arriba. Fuente: Facebook.

Entre los varios hijos que tuvo Eolo, se destacó por lejos Sísifo: el más inteligente, el más avaro y el más inescrupuloso hombre de su tiempo. Lo loco del asunto es que, curiosamente (o no tanto) era reconocido también como gran impulsor del comercio. Fue Sísifo, además, rey de Corinto, pero no vaya a creer usted que eso significaba gran cosa. Aquellos eran tiempos modestos, de reyes pastores, por no decir crianceros, como si dijésemos duque de Las Coloradas, o algo así. Tenía Sísifo un vecino llamado Autólico, hijo del Dios Ares (es decir, Mercurio para los romanos). Los dos, padre e hijo, un par de pícaros cuatreros, poseían el don de tunear los rebaños propios y ajenos, de suerte que podían poner y sacar cuernos a voluntad, o volver una vaca negra en blanca y viceversa. Así, aunque pa’ Sísifo era evidente que su ganado menguaba al mismo ritmo que crecía el de Autólico, no podía darle la cana a su vecino porque sus propios animales se volvían irreconocibles ante sus ojos.

Una noche Sísifo se quedó grabando en los vasos de sus animales la siguiente frase: “Robado por Autólico”. Se deduce de este hecho una alternativa bastante evidente: o las vacas tenían unas pezuñas gigantescas o Sísifo la letra muy chica. Como sea, a la mañana siguiente, ni bien comprobó que le habían choreado otra vez, Sísifo convocó al vecindario y, en patota, lo fueron a ver Autólico. Éste, lo más campante, los dejó pasar a sus corrales y allí Sísifo levantó la perdiz levantando los cascos de las vacas. Aprovechando el revuelo que se armó, Sísifo entró a la casa de Autólico donde encontró a la hija de este, la bella Anticlea, celebrando su boda. Más ligero que un purgado, Sísifo la sedujo y le hizo un hijo en el propio lecho nupcial de la recién casada. Aquel niño sería nada menos que Odiseo (Ulises para los latinos) quien, con un abuelo como Anticleo y un padre como Sísifo resultó ser un muchacho más peligroso que cepillarle los dientes al león.

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Odiseo, hijo de Sísifo.
Fuente: (Redacción)

Bueno, después de aquella aventura, estaba un día Sísifo mateando, en la puerta de su rancho, cuando oye un alboroto como pal lau del gallinero, pispea y ve que es Zeus con una muchacha al hombro. Como ya desde entonces estaba naturalizado el abuso, Sísifo se quedó en el molde y siguió mateando parejo.  Al rato pasa por allí Asopo, el dios fluvial, desencajado, buscando a su hija. Golpea las manos: “¿Vecino, no vio a una muchacha joven, bonita, de cabello así, y que vestía asá?”. Sísifo, que ya dijimos era un inescrupuloso total, le contestó: “Sí, la vi, pero para decirle dónde está primero tiene que instalarme un manantial acá mismo”. Así lo hizo Asopo, que para eso era la divinidad pertinente. Cumplió entonces Sísifo su parte del trato y reveló hacia dónde había marchado Zeus con la muchacha. Por fortuna, Asopo encontró a su hija justo a tiempo, la liberó y a Zeus, que estaba con los calzones bajos, le dio una paliza de aquellas. Furioso por “perder” a aquella muchacha, furioso por la biaba recibida y furioso por la delación de Sísifo, Zeus ordenó a su hermano Hades, dios de la muerte, que eliminase a Sísifo.

Llegó Hades a buscar al hombre, quién es, preguntó este, soy Hades, contestó el dios, tu hora ha llegado, dame las manos que nos vamos para el Tártaro, es decir para el inframundo. Demostrando una sangre fría envidiable, Sísifo respondió: “¿No me diga que usted todavía usa sogas pa’ manear a la gente? ¿No conoce las esposas?”. Hades tenía de malo tanto como de opa y se mostró interesado por el invento. Sísifo le puso las esposas a Hades y, al tiro, la gente dejó de morir. La cosa era de no creer: le cortaban el melón a uno en el campo de batalla y el tipo como si tal cosa. Nadie moría, por nada del mundo. Ares, el dios de la guerra, que tenía mucho interés en que los mortales abandonasen este mundo, logró liberar a Hades y, por el mismo precio, capturar a Sísifo.

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Hades, dueño y señor del inframundo.
Fuente: (Redacción)

Pero éste tenía aún una treta más. Antes de que se lo llevaran para la región subterránea de los muertos, alcanzó a susurrarle a su esposa que no le rindiese los tributos fúnebres de rigor. Llegado al reino de la muerte, Sísifo encaró a Perséfone, esposa de Hades y señora del lugar y le dijo: “Mi presencia aquí es harto irregular. Mi esposa no me ha dado correcta sepultura, estoy como a medio morir. Deme 3 días para ir arreglar este asunto y enseguida vuelvo”. Perséfone dejó ir a Sísifo y este minga de volver. Se la hago corta: para vergüenza de los poderosos, el tipo gambeteó a la muerte y evadió olímpicamente a los olímpicos durante una parva de años siempre con una treta distinta, no a las piñas (porque sabía que en ese terreno perdía) sino con argucias y triquiñuelas que, de paso, revelaban la torpeza y mezquindad de los dioses. Un triste día, muy a las cansadas, las divinidades consiguieron por fin atrapar a Sísifo y lo condenaron a un castigo ejemplar: debía nuestro héroe empujar una enorme piedra cuesta arriba por una colina hasta hacerla caer para el otro lado. Cada vez que llegaba al borde mismo de la cima, faltando apenas una pendejésima para lograrlo, patapúfete, la piedra se despeñaba y Sísifo debía recomenzar la tarea. Y así está, el muy sabandija, por toda la eternidad, de abajo a arriba y otra vez abajo, sin descanso, sin morir pero sin vida, en un esfuerzo frustrante y sin fin.

Si en este fin de año siente usted que la realidad, como una enorme piedra, por enésima vez se le viene encima sepa, al menos, que no está solo en su aflicción: Sísifo reniega también con su propio cascote. Sin embargo, dijo Albert Camus que, envuelto en sudor y loco de cansancio, Sísifo sonríe pues cayó en su ley, sin dar el brazo a torcer, ni ante los dioses ni ante la piedra ni ante nadie. Quién sabe si, mientras sube y baja ad divinis la colina, imagina aún un modo de burlarse de los poderosos. Seguramente pensando en él, en usted y en todas las personas que la pelean cuesta arriba, unos muchachos de Liverpool  grabaron alguna vez El loco de la colina.

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