A las cinco y media de la tarde del sábado 17 de mayo de 2014, Fernando Martín Croxatto estrenó, entre otros artículos de su ajuar episcopal, una mitra, un anillo y un báculo. Ese día, durante su ordenación como obispo, nuestro buen pastor recibió tales primuras como símbolo de su benemérita misión. La mitra a modo de insignia de su autoridad, el anillo como señal de fidelidad con su diócesis, y el báculo cual expresión del cuidado hacia los fieles. El báculo es, sin duda alguna, una estilización del tradicional bastón o cayado de los pastores. Muy apropiadamente, Croxatto eligió un diseño en madera para su cayado. Pero, por milagrosa transmutación, con el correr de los años nuestro propio obispo se ha vuelto de madera. Y permanece callado.
Si será así que, ante sus hermanos del presbiterio, el pasado 18 de enero, el Padre Martin Göttle le ha pedido expresamente a monseñor que hable, que diga, que cuente. Pero el obispo de los neuquinos, mutis. Si bien es cierto que nadie está obligado a declarar en su propia contra, nuestro jerarca ciertamente debe explicaciones, no solamente a sus sacerdotes: también a sus hermanos y hermanas en la fe y a la ciudadanía de cualquier credo o ninguno. Como es público y notorio, Fernando Martín Croxatto negoció con Gloria Argentina Ruiz destinar una millonada de pesos de los contribuyentes para organizar, el 24 de agosto de 2024, un show milagrero en el Ruca Che. La estrella de ese sábado fue la rosarina Leda Bergonzi. La diócesis de Rosario desconoce el “ministerio” de la manosanta y pesan sobre ella denuncias de estafa, pero Croxatto & Ruíz, misericordiosos, no le hicieron asco al asunto. Total, la plata la ponían otros.

Croxatto, cuando todavía hablaba.
Hablamos de dineros públicos, es decir, nuestros. No de una fundación o un empresario piadoso. Un caso así sería asunto de Croxatto y sus acólitos. Pero no. El affaire Ruiz/Croxatto/Bergonzi es, apenas, uno de los muchos asuntos que exigen, como mínimo, algún tipo de explicación por parte del obispo. Lamentablemente, hay más, mucho más, y aun más grave: el ocultamiento del protocolo frente a denuncias de abuso sexual eclesiástico dentro de la diócesis, el abandono de quien denuncia tales delitos, la presencia del sacerdote acusado en la misma parroquia donde se lo ha denunciado, y, durante la investigación canónica, la más que lamentable actuación de su vicario pastoral, el Presbítero Diego Canale. Cada uno de estos hechos amerita una investigación eclesiástica contra el propio "padre obispo". Tal vez alguien la pida, tal vez no. Como quiera que sea, hasta ahora, Croxatto, máxima autoridad de la Iglesia Católica de Neuquén, permanece callado.
No siempre fue así, en abril de 2021 Fernando Martín Croxatto sabía leer y escribir, tanto que, en carta abierta al gobierno provincial, exigía “respuestas concretas” frente a “situaciones injustas”. Por entonces, nuestro buen pastor conservaba el habla y, megáfono en mano y a las puertas de la catedral, gritaba: “Los responsables primeros y últimos de garantizar el cumplimiento de todos los derechos son quienes gobiernan”. Es cierto, tanto como que a la iglesia neuquina la gobierna él mismo. Pero Croxatto, últimamente, es de otro calibre, no se mezcla con simples mortales. O sí, siempre y cuando sean mansos y complacientes. Como en la peregrinación de la Virgen de Luján, de septiembre de 2023. En aquellos tiempos, monseñor Croxatto no era mudo y denunciaba la “indiferencia del poder”. Eran días en que nuestro elocuente pastor se expedía a troche y moche sobre las más diversas materias: sociedad, economía, jubilaciones, medio ambiente, pueblos originarios. ¿Quién lo diría? Unos meses después, el obispo que predica frente a misioneros que van al Perú, sobre lo que sucede en su propia diócesis, no dice ni mu.

Fragmento de la carta del P. Martin Göttle a Fernando Croxatto.
Si es que existe un cielo, Jaime De Nevares debe andar con gastritis, tirando a úlcera. Y no es para menos. El “sucesor” que hoy ocupa su lugar es de cartón pintado. Como el protocolo frente abusos que enarbola. Así, medio pegado con moco, Fernando Croxatto se sostiene en un círculo de íntimos entre los que sobresale (es un decir) Diego Canale. El vicario pastoral de nuestra diócesis encabeza al puñado de clérigos que apoya acríticamente a monseñor (y a ellos mismos). Existe, luego, un sector de sacerdotes, algunos veteranos de la época de Don Jaime pero no solamente esos, que directamente quiere que Croxatto se vaya. Y hay un tercer grupete, irresoluto, que espera y calcula qué es lo que más les conviene. Lo que unos y otros tienen en común es que están más que disgustados con la situación de la diócesis. Porque el obispo se esconde debajo del altar, pero ellos, los sacerdotes, en mayor o menor medida, terminan dando la cara. Por eso, el mutismo de Croxatto se parece más al del pusilánime, o el soberbio, que al del prudente. La denuncia de un delito tan grave como el abuso sexual no brinda margen alguno para que se desentienda una verdadera autoridad . Sea esta religiosa o deportiva.
En marze de 2024, ni bien una joven periodista denunció por abuso sexual a cuatro jugadores de Vélez Sarsfield, el club emitió el siguiente comunicado oficial: “El Club Atlético Vélez Sarsfield ha tomado conocimiento de la denuncia por abuso sexual realizada en Tucumán con fecha 6 de marzo del presente año, en la que están involucrados cuatro jugadores de nuestro plantel profesional. Ante la gravedad de la denuncia, la Comisión Directiva del Club se puso inmediatamente a disposición de la Justicia de Tucumán para aportar toda la información y los elementos relevantes para poder contribuir a la investigación y esclarecimiento del caso y determinar las responsabilidades correspondientes. Asimismo, en el marco del protocolo de actuación en casos de violencia, se informa que se ha decidido separar de manera preventiva del plantel profesional a los jugadores mencionados en la denuncia, Sebastián Sosa, Braian Cufré, Abiel Osorio y José Ignacio Florentín. Desde la Institución quedamos a completa disposición de la Justicia y de la denunciante”.
El 15 de diciembre pasado Vélez se coronó Campeón de la Liga Profesional 2024. Por el momento, la diócesis de Croxatto pelea por el descenso.

Vélez hace las cosas bien.
A diferencia de la Iglesia neuquina, Vélez Sarsfield enfrentó la situación. Ante el estado público de una denuncia por delitos sexuales, el club tuvo un protocolo y fue consecuente con él. En Neuquén, cuando las papas queman, Croxatto con su cayado, permanece callado. ¿Podría hacer otra cosa? Claro que sí: en enero de 2018, Monseñor Miguel Ángel D'Annibale, por entonces obispo de Río Gallegos, fue interpelado públicamente por un joven que denunció por abusos sexuales a un sacerdote de esa diócesis. En la misma semana en que fue cuestionado, D’Annibale hizo público un largo comunicado que bien vale como ejemplo de transparencia, respeto y servicio a la comunidad. Así hablaba el obispo de Río Gallegos, cita textual:
“1) Valoro la valentía y determinación del joven de escribir esta carta abierta y de poder escuchar lo que pasa dentro de su corazón.
2) He conversado personalmente en varias ocasiones con el joven que presenta la denuncia. Lo escuché en su dolor profundo y le ofrecí ayuda y fortaleza espiritual.
3) En nombre de la Iglesia y en el mío propio le he pedido perdón por toda la situación que está viviendo”.
La carta abierta de Monseñor Miguel D'Annibale, fechada el 19 de enero de 2018, proseguía así:
“Pongo en conocimiento, como ya lo hice en anteriores Comunicados de Prensa, los pasos que se vienen dando luego de haber recibido la denuncia.
1) Le informé al joven por escrito que recibí en el Obispado de Río Gallegos su denuncia y que comenzaba la Investigación Preliminar Canónica correspondiente a estos casos que, una vez concluida, se eleva a la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el Vaticano, para que indique los pasos a seguir.
2) Desde la Congregación para la Doctrina de la Fe llegó la respuesta a la Investigación Preliminar presentada, autorizando la realización de un Proceso Administrativo Penal canónico para esclarecer los hechos denunciados.
3) El Proceso Administrativo Penal canónico lo está llevando adelante el Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de Neuquén.
4) El sacerdote acusado continúa sin ejercer el ministerio y está a disposición de la justicia eclesial canónica y también a disposición de la justicia penal civil, por la denuncia recibida en ese fuero.
Expreso una vez más mi absoluto rechazo a todo abuso de menores, ofrezco una vez más mi acompañamiento al joven que presentó la denuncia y me uno al Papa Francisco en el pedido de perdón por el mal profundo que causan los abusos de menores por parte de algunos clérigos”.

Miguel Ángel D'Annibale, un obispo que supo dar explicaciones y pedir perdón.
El 1° de diciembre de 2016, en la sede de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), Monseñor Miguel Ángel D'Annibale escuchó a nuestro buen pastor, Fernando Martín Croxatto, admitir que conocía al detalle los delitos sexuales cometidos por su padre espiritual, el también Monseñor, Abelardo Silva. Testigos de aquella revelación fueron otros dos obispos Carlos Malfa y Martín Fassi. Un sacerdote canonista de apellido Medina, y Gabriel C, sobreviviente de los abusos perpetrados por Silva. A diferencia de Croxatto, Monseñor D'Annibale, muerto el 14 de abril de 2020, no se desentendió de sus responsabilidades como obispo y, tal cual lo refleja su carta abierta de enero de 2018, brindó las explicaciones que podía y pidió sincero y público perdón en su nombre y en el de la Iglesia. O sea, lo que se espera de quien guía. De regreso a nuestro presente, el cayado de Croxatto sirve, acaso, para limpiar telarañas. Para guiar a su pueblo, olvídese: nuestro obispo, otrora tan locuaz, ha devenido catatónico: no sabe, no contesta, en fin, no ejerce. Quizás sea el menor de los males...
En octubre del 2002, Canal 13 de Buenos Aires denunció al sacerdote Julio César Grassi por abusar sexualmente de cinco niños, de entre 11 y 17 años. Grassi era un cura muy popular en aquel entonces, y Felices los Niños, el hogar que él manejaba, recibía generosas donaciones de personalidades de los medios y el espectáculo. Hacia fines de ese mismo año, mediante un comunicado, el comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Argentina (de la que ciertamente formaba parte Jorge Bergoglio) denunció una campaña destinada a “desdibujar la imagen de la Iglesia católica” y hacer que la institución “perdiera la confiabilidad que le reconoce la sociedad”... El 10 de junio de 2009, el Tribunal Oral 1 de Morón, por unanimidad, condenó a Grassi a 15 años de prisión. La Conferencia Episcopal Argentina (CEA) no se disculpó aún por aquel comunicado de respaldo al delincuente con sotana. Muchos años más tarde, incluso después de que la madre de un niño con discapacidad denunciara públicamente a un sacerdote de su diócesis por abuso, el obispo de Neuquén es fefifo: ni fu, ni fa. Ni pide perdón y brinda explicaciones, como D'Annibale; ni denuncia campañas y declama credibilidad, como la CEA. En el Libro del Apocalipsis, capítulo 3, versículo 16, se lee: “Porque eres tibio, ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. En Neuquén, la lista de salpicados con fluidos gástricos promete ser larga. En la mañana de ayer, María Carolina Mauri, la fiscal que lleva adelante la investigación sobre el sacerdote denunciado, pidió la colaboración de Liliana Rodríguez, psicóloga de la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos. Ampliaremos.