Tal como ocurre en la capital neuquina, los vecinos del barrio Parque Industrial en San Patricio del Chañar denunciaron que, desde hace varios meses, el estruendo permanente de motocicletas durante las madrugadas transformó el descanso nocturno en una misión imposible. Aseguraron que la presencia de motoqueros afecta la salud y el rendimiento laboral de decenas de familias que exigen una intervención oficial urgente.
El conflicto tiene su epicentro en las inmediaciones de la Plaza de las Infancias y sobre la avenida Gasparri. En estos puntos, grupos de motociclistas se reúnen cada noche para realizar maniobras peligrosas, picadas y aceleraciones constantes con escapes libres. Los testimonios de los vecinos coinciden en un escenario caótico que comienza pasada la medianoche y se extiende, en muchas ocasiones, hasta las cinco de la mañana, convirtiendo las calles del barrio en pistas de carreras improvisadas por los motoqueros.

San Patricio del Chañar. Fuente: Instagram.
Raúl, uno de los vecinos afectados, describió el impacto directo en su vida cotidiana. Señaló que los ruidos, similares a explosiones, generan sobresaltos constantes. La frustración del sector radica no solo en el estruendo, sino en la sensación de desprotección, ya que aseguran que tanto la Policía como la Municipalidad "brillan por su ausencia" ante las reiteradas denuncias. Esta falta de controles preventivos generó un clima de impunidad que habilita el descontrol total durante las horas de sueño, coincidieron los vecinos.
La problemática se extiende varias cuadras a la redonda señaló el sitio El Chañar Digital. Mirta, vecina de la calle Río Neuquén, relató cómo su marido debe asistir a su jornada laboral sin dormir, debido a que el ruido llega con nitidez hasta su vivienda. El malestar es compartido por madres de niños pequeños y familiares de adultos mayores o personas enfermas.

El estruendo de los escapes es unas de las principales quejas. Fuente: Facebook.
Ante la falta de respuestas institucionales, los vecinos reclamaron mayor presencia policial y controles de tránsito nocturnos que pongan fin a las picadas y al uso de escapes no reglamentarios de los motoqueros locales. Mientras el rugido de los motores persiste, el enojo de los vecinos crece.