Hay paisajes que, por diversas razones, se roban nuestro corazón y permanecen en nuestra memoria, muchas veces, para siempre. Pero existe un escenario natural que, por varias razones, es sinónimo de belleza pero, a la vez, de historia. Nos referimos al Bosque Comunal de Huinganco.
El Bosque Comunal de Huinganco, dentro de dicha localidad, es fruto del esfuerzo y la visión que, a lo largo de las décadas, transformó la realidad de sus habitantes, luego de la caída de la actividad minera y también de la merma en la producción ganadera, a finales de la década del sesenta.

Es un sitio donde el trabajo en comunidad y la naturaleza nos invitan a conectar con la historia y la calma que transmite este lugar.
Ante este escenario, en un contexto de éxodo por parte de muchos de los habitantes de este rincón del sur del país, fueron Temístocles Figueroa y su hijo Rogelio quienes optaron por una alternativa que le devolviera vida a este sitio: para ello, optaron por sembrar árboles y crear así un vivero.
Lo que quizás no imaginaban era que, año tras año, más y más personas aportarían su granito de arena y, mediante un trabajo manual, forjaron así este bosque comunal, el primero del país, con un total de 3.700 áreas cultivadas.

Viví un verano inolvidable en este rincón de Neuquén. Fuente: (Turismo Neuquén)
Fue gracias a este proyecto que Huinganco logró adquirir la denominación de “El jardín del Neuquén”, e incluso permitió la posterior creación del Museo del Árbol y la Madera, donde un ciprés de 1.200 años de antigüedad se roba la atención, y se complementa con otros ejemplares muy antiguos.

Este sitio también es conocido como "El Jardín del Neuquén". Fuente: (Meteored Argentina)
Su historia, el valor del trabajo en comunidad, la visión y todo ello en combinación con sus paisajes encantadores donde montañas y lagos roban el aliento a sus visitantes, lo cierto es que podés aprovechar este verano no solo para conocer el Bosque Comunal de Huinganco, sino también todos sus paisajes, sus propuestas culturales y su gastronomía, para una estadía imborrable.