La uva criolla es una de las variedades que está más de moda. Especialistas en manejo de campo rescataron ciertas variedades autóctonas por su resistencia a sequía y alta calidad enológica.
Muchas de estas variedades de uva criolla tuvieron tu apogeo en épocas de la conquista española. Pero desde 1850 en adelante, cuando surge la viticultura industrial, se fueron perdiendo y se reemplazaron por otras cepas.
La uva criolla se generó a partir de cruzamientos naturales entre las plantas de vid traídas por los españoles desde la época de la conquista. Los cruzamientos naturales se producen cuando el polen de una variedad fecunda la flor de otra.

La mayoría de las variedades tienen como cepa original al Moscatel de Alejandría y la denominada Criolla Chica, que en realidad es una variedad española. Estas dos variedades se cruzaron y originaron las variedades de uva criolla más conocida hasta el momento.
Actualmente existen en nuestro país cerca de 75 mil hectáreas cultivadas con variedades criollas, un 33 % de la superficie total de Argentina.

Las variedades de uva criolla más cultivadas corresponden a Cereza, Criolla grande, Pedro Giménez y Torrontés riojano. Durante las décadas de los años 70 y 80, se privilegió el cultivo de estas variedades debido a su alto potencial de rendimiento.

Muchos de los vinos que se elaboran con uva criolla provienen de viñedos y parrales antiguos . Hay productores en La Rioja que tratan de preservarlos para no perder patrimonio y diversidad de cepas locales.