Las ojeras son el reflejo de nuestras rutinas, el estrés, el poco descanso o, a veces, simplemente la genética. Pero más allá de su origen, la buena noticia es que se pueden disimular fácilmente con los productos y técnicas adecuadas.
El primer paso es preparar la piel: una zona bien hidratada es la base de cualquier corrección. Aplicá una crema liviana o contorno de ojos y esperá unos minutos antes del maquillaje. Esto evita que el producto se acumule en los pliegues de las ojeras y asegura un acabado más uniforme.

Evitá los tonos demasiado claros: endurecen la expresión.
Si tenés piel seca, elegí fórmulas cremosas y humectantes. En cambio, si tu piel es grasa, preferí texturas livianas o con acabado mate para prolongar la duración. No olvides el protector solar incluso en las ojeras: usalo incluso si vas a maquillarte, ya que la radiación potencia la pigmentación en la zona y puede intensificar las manchas.

Una piel bien hidratada es el primer paso para disimular las ojeras.
El orden importa: cómo aplicar y difuminar el corrector para un efecto real
Una vez hidratada la zona, llega el turno del corrector de color. Si tus ojeras son muy oscuras, un tono salmón o durazno neutraliza la pigmentación.
Si tus ojeras no son tan oscuras, podés optar por un corrector beige o ligeramente amarillento, que ilumina la mirada sin recargarla. La clave está en aplicar poca cantidad y difuminar bien, para que el acabado sea natural y fresco.

La mirada se ilumina con pequeños gestos, no con exceso de producto.
En cambio, si además tenés pequeñas bolsitas, conviene evitar los productos demasiado cremosos o luminosos, ya que pueden resaltar el volumen. En ese caso, elegí una textura más liviana y satinada, aplicá el corrector solo en la zona hundida (no sobre la bolsa) y sellá con una pizca de polvo traslúcido para suavizar el relieve.

El color salmón es el mejor aliado para neutralizar pigmentaciones oscuras.
Aplicá una pequeña cantidad y esperá a que se asiente. Luego, usá el corrector del mismo tono que tu piel para unificar. Evitá los tonos demasiado claros: generan contraste y resaltan el cansancio.

Difuminá siempre con toques suaves para mantener la naturalidad.
Colocá el producto con el aplicador o con el dedo anular —el más suave— en pequeños puntos justo donde se nota la sombra. Después, difuminá a toquecitos con una brocha, esponja o tus dedos limpios, sin arrastrar.
Este gesto funde el producto y mantiene la cobertura sin rigidez. Podés sellar con una mínima capa de polvo translúcido para prolongar el efecto, especialmente si usás delineado o maquillaje de ojos intenso.

Un polvo liviano fija sin restar luminosidad.
El resultado ideal es una piel fresca, sin exceso de producto y con luz en la mirada. Recordá que menos siempre es más: el maquillaje debe acompañar, no ocultar.