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JARDINERÍA

Están carísimas: tené tu propio árbol de almendras con un simple truco

Aunque no lo creas, germinar este fruto seco es muy fácil.

Luciana Richard
Luciana Richard
Almendras. Fuente: (Instagram)
Almendras. Fuente: (Instagram)

¿Alguna vez pensaste en tener tu propio árbol de almendras en casa? Con un simple truco, podés iniciar este fascinante proceso y disfrutar de uno de los frutos secos más valorados, directamente desde tu jardín o terraza. Cultivar estos frutos secos no solo es una actividad gratificante, sino también una excelente forma de conectarte con la naturaleza y sumar un toque especial a tu huerta. Además, saber que vos mismo diste vida a ese almendro le da un sabor distinto a cada fruto que coseches.

El almendro, cuyo nombre científico es Prunus dulcis, es un árbol de porte elegante que puede crecer tanto en jardines amplios como en macetas grandes. Sus flores blancas o rosadas anuncian la llegada de la primavera, y su fruto, la almendra, es una semilla envuelta en una fina película de tono canela. Esta a su vez está protegida por una cáscara dura que no se consume. Las almendras son reconocidas por sus múltiples beneficios para la salud, además de ser un ingrediente clave en muchas recetas dulces y saladas. Si bien puede parecer complicado cultivar un árbol de este tipo, lo cierto es que, con paciencia y cuidado, es totalmente posible lograrlo en casa.

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El almendro es un árbol muy vistoso.

En el próximo paso te vamos a contar en detalle cómo hacer germinar las semillas, qué condiciones necesita esta especie para desarrollarse bien, cómo elegir el recipiente adecuado y qué cuidados hay que tener en cuenta a medida que empieza a crecer. Si tenés ganas de incorporar una planta frutal distinta a tu espacio verde, este es el momento ideal para animarte a cultivar las almendras desde cero.

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Para germinar la almendra hay que retirar la cáscara en la que viene recubierta la semilla.

 

Cómo germinar las semillas de almendras

  1. Asegurate de usar almendras crudas, sin tostar ni procesadas. Lo ideal es que conserven su cáscara dura, ya que eso aumenta las chances de éxito en la germinación.

  2. Colocalas en un recipiente con agua y dejalas en remojo entre 24 y 48 horas. Esto reblandece la cáscara y activa el proceso de germinación. Cambiá el agua una vez por día.

  3. Después del remojo, podés quebrar la cáscara dura con un cascanueces, con mucho cuidado de no dañar la semilla interna (la almendra comestible). Este paso no es obligatorio, pero acelera el proceso.

  4. Envolvé las semillas en una servilleta de papel húmeda, no encharcada y colocala dentro de un tupper o una bolsa plástica (tipo ziploc) y guardala en un lugar oscuro y cálido (alrededor de 20-25°C). Revisá cada 2 o 3 días que la servilleta siga húmeda y ventilá la bolsa para evitar hongos.

  5. En una o dos semanas, deberías ver una pequeña raíz salir de la almendra. Eso es señal de que va todo bien. En caso de notar que algún fruto empezó a estropearse, retirarlo de la bolsa.

  6. Una vez germinada, sembrala en una maceta con buen drenaje. Colocala a unos 2 cm de profundidad con la raíz apuntando hacia abajo y cubrila suavemente con tierra.

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No importa el ancho de la maceta siempre y cuando sea profunda para que las raíces puedan crecer.

Poné la maceta con las semillas germinadas de almendras en un lugar luminoso, pero sin sol directo al principio. Regá moderadamente y asegurate de que el sustrato esté húmedo. Recordá de no encharcar el sustrato.