El vuelvepiedras común, también conocido como vuelvepiedras rojizo (Arenaria interpres), es una especie de ave caradriforme perteneciente a la familia Scolopacidae. Dentro del género Arenaria, que agrupa solo a dos especies (Arenaria melanocephala y Arenaria interpres), ambas reciben ese nombre popular por una conducta muy particular: usan su pico corto y firme para dar vuelta piedras, algas y otros restos que encuentran en las costas para dejar al descubierto los pequeños invertebrados que forman parte de su dieta. Este método de caza tan peculiar no solo les da identidad, sino que también los convierte en verdaderos especialistas de las playas rocosas y arenosas de todo el mundo, aunque solo se reproducen en zonas del Ártico.
Esta ave costera mide entre 21 y 25 centímetros de largo, pesa alrededor de 110 gramos y tiene una envergadura que va de 43 a 49 cm. Su cuerpo compacto se complementa con patas cortas de un intenso color naranja, cuello corto y un pico ideal para su estilo de alimentación. Su plumaje cambia según la estación: en invierno muestra una cabeza de tono café claro, un dorso que mezcla marrón oscuro, gris y negro, y una zona ventral blanca con garganta y pecho negros. Durante la temporada reproductiva, los machos lucen un llamativo diseño blanco y negro en la cabeza y cuello, y una coloración rojiza en el dorso. En vuelo el vuelvepiedras también llama la atención por las manchas blancas en la espalda, alas y cola.

A veces se junta con otros ejemplares para dar vuelta piedras o rocas más pesadas.
Además de insectos, el vuelvepiedras se alimenta de crustáceos, moluscos, arañas, semillas, bayas e incluso huevos de otras aves o restos de pescado. Es completamente migratorio y se lo puede encontrar en África, América, Europa, Asia y Oceanía. Durante el invierno austral algunos ejemplares llegan hasta Tierra del Fuego y el sur de África, y un grupo decide quedarse en esas costas sin regresar al norte cuando termina la temporada. Aunque tienen hábitos solitarios o se agrupan en pequeñas bandadas, estas aves suelen formar grupos más numerosos durante las migraciones o en zonas de alimentación. Entre sus vocalizaciones se destacan un canto agudo y rápido, otro más aflautado como alarma y un traqueteo chillón en la época de cortejo.

Varios ejemplares de vuelvepiedras en pleno vuelo.
Así se reproduce el vuelvepiedras
Durante el cortejo, el macho del vuelvepiedras puede perseguir a la hembra tanto en vuelo o mientras camina por el suelo. Cuando logra acercarse, adopta una postura encorvada mientras sube y baja la cola en señal de interés. Esta danza particular puede verse entre mayo y principios de agosto en las regiones más al norte de su distribución: Alaska, Canadá, Groenlandia, Islandia, el norte de Europa continental y zonas árticas de Asia. Allí construyen nidos solitarios cerca de la costa, aunque si el clima acompaña, pueden anidar en grupos reducidos. El nido construido por la hembra, es una simple depresión poco profunda cubierta apenas con hojas secas y está bien escondido entre la vegetación. Muchas veces lo reutilizan durante varios años seguidos.

Un vuelvepiedra en busca de comida.
La hembra pone cuatro huevos de color verdoso con manchas parduzcas, que son incubados por ambos padres, aunque la mayor parte del tiempo es ella quien permanece sobre el nido. Tras unos 22 a 24 días, nacen las crías, que abandonan el nido poco después de la eclosión. Durante los primeros días, el macho se encarga principalmente del cuidado, ya que la hembra suele alejarse antes de que los pichones estén listos para volar. Aunque él las guía hacia donde hay alimento, las crías se alimentan por sí mismas. El primer vuelo ocurre entre los 19 y 21 días de vida, y a partir de entonces los jóvenes se vuelven completamente independientes.