Si tenés un balcón sin sol o una terraza donde nada parece crecer, no hace falta resignarse al gris. Hay plantas que, incluso en sombra y con temperaturas bajas, florecen y dan color. La Camelia es una de esas especies que sorprenden por su belleza, resistencia y facilidad de cuidado. En pleno invierno, esta planta se llena de flores que parecen sacadas de un jardín secreto.

Rincones sin sol también pueden llenarse de color con Azaleas, Prímulas y Pensamientos.
De hojas verdes, brillantes y persistentes, la Camelia es ideal para patios sombríos, rincones húmedos o balcones con poca luz natural. Su crecimiento es lento, pero constante, y prefiere las macetas grandes o espacios donde pueda expandirse con tranquilidad. Lo mejor es que no necesita sol directo para florecer, de hecho, lo prefiere en pequeñas dosis o filtrado entre ramas.
Entre junio y septiembre, las Camelias despliegan sus flores rojas, blancas, rosadas, bicolores o con forma de rosa, que caen suavemente y forman alfombras de pétalos en el suelo. No hace falta tener experiencia en jardinería para cuidarlas, solo un riego regular, tierra ácida y algo de paciencia. Esta es una de esas plantas que se vuelven favoritas por su fidelidad: dan belleza todo el año sin exigir demasiado.

La camelia florece en sombra y frío, una de las plantas que más sorprenden en invierno.
Y si querés sumar más plantas que se adapten a la sombra, hay opciones igual de rendidoras. Azaleas, Ciclámenes, Helecho Culantrillo, Prímulas y Pensamientos también florecen o mantienen su verdor en espacios sin sol directo. Todas resisten las bajas temperaturas y mantienen su color en maceta o jardín. Porque hasta en los días más fríos del invierno, hay plantas que llenan de vida y textura cualquier rincón.

Las flores de la Camelia caen como alfombra sobre patios y balcones: belleza sin esfuerzo.
La planta colgante que purifica el aire y casi no necesita cuidados
Por otro lado, entre las plantas más fáciles de cuidar y más agradecidas por su crecimiento está la clásica Cinta o Lazo de Amor. Con sus hojas alargadas, verdes con bordes blancos o amarillos, se ganó un lugar en estanterías, patios y cocinas. No solo resiste casi todo, sino que además, ayuda a purificar el aire, según estudios de la NASA.
La cinta prefiere la semisombra, pero también puede adaptarse a espacios con luz indirecta. Es ideal para colgar en macetas altas o dejar que caiga desde repisas. Su crecimiento es rápido y produce hijitos que se pueden trasplantar con facilidad. Con un poco de agua cada semana y un buen drenaje, crece sin complicaciones durante todo el año.
Perfecta para principiantes, esta planta también es segura si hay mascotas, y no requiere poda ni abonos complicados. Su aspecto liviano y fresco suma un toque natural en cualquier ambiente y su capacidad de limpieza ambiental la vuelve una gran aliada para interiores.