Conocida como pastel azteca, esta lasaña mexicana reemplaza las clásicas láminas de pasta por tortillas de maíz, logrando una versión más sabrosa y original. Para preparar esta receta vas a necesitar: tres pechugas de pollo, un litro de caldo, una cebolla morada, dos cebollas blancas, una taza de maíz cocido, ocho tortillas de maíz o burreras, 300 g de queso cremoso rallado, cuatro tomates grandes, un diente de ajo, un chile (o más, según gusto), media taza de crema de leche y una cucharadita de sal.

El relleno listo: pechugas cocidas, maíz y cebolla salteada se combinan para un sabor único
Primero, para comenzar, cociná las pechugas en el caldo durante cuarenta minutos. Desmenuzalas y mezclalas con las cebollas salteadas y el maíz. Para la salsa, tatemá los tomates, la cebolla morada, el ajo y los chiles. Licuá todo con medio vaso de caldo, la crema de leche y la sal. Para armar la lasaña mexicana, dorá las tortillas y colocá en una fuente una capa de tortilla, seguida de la mezcla de pollo, luego la salsa y el queso. Repetí estas capas hasta completar, terminando con una capa de queso por encima.

Mixeá todos los vegetales para preparar la salsa
Esta lasaña mexicana es una excelente opción para sorprender con un plato distinto que nunca falla. Su sabor, su textura y la combinación de ingredientes hacen que esta receta quede grabada en la memoria. Ideal para una cena familiar o para compartir con amigos.

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Tarta de ricota salada con jamón y cebolla
Por otro lado, esta tarta salada es perfecta para el almuerzo o la cena. Vas a necesitar: una tapa de masa para tarta, 250 g de ricota, 100 g de jamón cocido picado, dos cebollas grandes, tres huevos, 100 g de queso rallado, dos cucharadas de aceite, sal y pimienta a gusto.
Cortá las cebollas en juliana y doralas en una sartén con el aceite. En un bol, mezclá la ricota con los huevos, el jamón, las cebollas cocidas, el queso, la sal y la pimienta. Colocá la masa en un molde, volcá el relleno y llevá al horno precalentado a 180 grados durante aproximadamente cuarenta minutos, hasta que esté dorada por fuera.
Esta receta es práctica, sabrosa y rendidora. Se puede comer caliente o fría, y es ideal para tener lista en la heladera. También es perfecta para acompañar con una ensalada fresca o una limonada casera.