Si tenés limones en la heladera que ya se están poniendo feos, una buena idea es transformarlos en una crema casera que se puede usar para mil postres. Esta crema de limón se prepara en minutos y se puede conservar en frío o incluso congelar.

Ralladura y jugo de limón listos para empezar la crema
Lo primero que tenés que hacer es rallar dos limones lavados dentro de una cacerola. Luego, exprimilos hasta obtener 140 mililitros de jugo y sumales 120 gramos de azúcar, dos huevos, una yema y 15 gramos de almidón de maíz. Todo eso se cocina a fuego bajo, batiendo hasta que espese. Cuando la mezcla esté bien espesa, retirala del fuego, pasala a un bowl y dejá que baje un poco la temperatura. En ese momento, incorporá 200 gramos de manteca fría cortada en cubitos, y mezclá hasta integrar. Una vez lista, la crema se guarda en frascos limpios, se deja enfriar a temperatura ambiente y se conserva en la heladera. También podés congelarla hasta dos meses sin problemas. Es práctica, rápida y aprovecha al máximo esos limones que estaban por arruinarse.

Mezcla espesa al fuego antes de incorporar la manteca fría.
Además de ser deliciosa, esta crema de limón es muy versátil. Se puede usar para rellenar un lemon pie, un arrollado, una charlot de limón o incluso un tiramisú. Con esta preparación tenés una base lista para postres frescos y sabrosos, ideal para tener a mano.

isabelvermal. Fuente: (Instagram).
Tiramisú de limón: una versión fresca y distinta del clásico postre
Una vez que tenés lista la crema de limón, podés animarte a una variante más ligera y cítrica del tiramisú. Esta versión no lleva café ni cacao, sino que reemplaza los sabores intensos por otros más refrescantes. En lugar del clásico almíbar con café, prepará uno con jugo de limón natural y un poco de azúcar para remojar las vainillas o piononos.
Para el armado, alterná capas de vainillas humedecidas, crema de limón y queso crema o mascarpone. Podés usar una fuente grande o vasitos individuales. Entre capa y capa, agregá ralladura de limón para intensificar el sabor. Después, llevá a la heladera al menos tres horas para que tome cuerpo. Se sirve frío, con una decoración simple, un poco más de crema por encima, una hojita de menta o rodajitas finas de limón.
Es liviano, tiene un toque ácido y resulta una gran opción cuando buscás algo diferente pero igual de rico. Podés servirlo como postre para una comida especial o simplemente para aprovechar la crema que preparaste antes.