La mayoría de las golosinas y snacks clásicos del supermercado se pueden replicar en casa. No siempre salen exactamente iguales a los de fábricas, pero sí pueden ser una opción un poco más natural y económica. Uno de los clásicos que todos aman son los cheetos de queso.
No son más que chizitos pero con un toque bastante más intenso a queso. Podés hacer tu versión saludable para cuando estés antojado. En este caso, la receta planteada es al horno, pero si no te importa, también pueden ser fritos. Animate a probarla y vas a ahorrar un poco en el kiosco.

Los cheetos son un clásico.
Los ingredientes que vamos a necesitar para esta versión de cheetos caseros son los siguientes:
1 taza de agua
3/4 de taza de polenta
6 cucharadas de queso rallado
50 g de manteca
2 huevos
sal a gusto

Podés hacer tu versión casera.
Lo primero que tenés que hacer es agarrar una olla y ponerla en el fuego con una taza de agua. Cuando empiece a calentarse, agregá la manteca y revolvé hasta que se derrita lentamente.
Cuando esté al punto de ebullición, agregá sal a gusto y una buena cantidad de queso rallado para que tome el sabor deseado. También podés usar algún saborizante artificial de queso si preferís un sabor más intenso.

Podés darle la forma que quieras.
Antes de que empiece a hervir, incorporá la polenta en forma de lluvia y revolvé constantemente mientras se cocina para evitar la formación de grumos. Cuando la preparación se despegue de los bordes, es momento de apagar el fuego.
Pasá la preparación a un bol para que se vaya enfriando y agregale los dos huevos, mezclando bien hasta obtener una pasta homogénea. Después, podés transferirla a una manga pastelera y hacer pequeñas porciones, o darles forma con las manos. Llevá las porciones al horno y cocinalas durante 30 o 40 minutos, hasta que estén crujientes. También podés freírlas, aunque al horno es una opción de cheetos más saludables.