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Cheetos

Cheetos caseros: ahorrá fortuna en el kiosco y prepará esta versión súper crujiente y deliciosa

Con ingredientes naturales que seguramente tenés en casa.

Camila Alderete
Camila Alderete
Cheetos. Fuente: (Instagram)
Cheetos. Fuente: (Instagram)

La mayoría de las golosinas y snacks clásicos del supermercado se pueden replicar en casa. No siempre salen exactamente iguales a los de fábricas, pero sí pueden ser una opción un poco más natural y económica. Uno de los clásicos que todos aman son los cheetos de queso.

No son más que chizitos pero con un toque bastante más intenso a queso. Podés hacer tu versión saludable para cuando estés antojado. En este caso, la receta planteada es al horno, pero si no te importa, también pueden ser fritos. Animate a probarla y vas a ahorrar un poco en el kiosco.

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Los cheetos son un clásico.

Los ingredientes que vamos a necesitar para esta versión de cheetos caseros son los siguientes:

  • 1 taza de agua

  • 3/4 de taza de polenta

  • 6 cucharadas de queso rallado

  • 50 g de manteca

  • 2 huevos

  • sal a gusto

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Podés hacer tu versión casera.

Lo primero que tenés que hacer es agarrar una olla y ponerla en el fuego con una taza de agua. Cuando empiece a calentarse, agregá la manteca y revolvé hasta que se derrita lentamente.

Cuando esté al punto de ebullición, agregá sal a gusto y una buena cantidad de queso rallado para que tome el sabor deseado. También podés usar algún saborizante artificial de queso si preferís un sabor más intenso.

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Podés darle la forma que quieras.

Antes de que empiece a hervir, incorporá la polenta en forma de lluvia y revolvé constantemente mientras se cocina para evitar la formación de grumos. Cuando la preparación se despegue de los bordes, es momento de apagar el fuego.

Pasá la preparación a un bol para que se vaya enfriando y agregale los dos huevos, mezclando bien hasta obtener una pasta homogénea. Después, podés transferirla a una manga pastelera y hacer pequeñas porciones, o darles forma con las manos. Llevá las porciones al horno y cocinalas durante 30 o 40 minutos, hasta que estén crujientes. También podés freírlas, aunque al horno es una opción de cheetos más saludables.

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