La provoleta clásica del asado tiene su encanto, pero esta versión con base de papa crocante la lleva a otro nivel. Los ingredientes son simples: una papa y una provoleta.
Lo primero que hay que hacer es rescatar una papa del fuego antes de que toque las brasas, pelarla y cortarla en rodajas bien finas. Mientras tanto, calentá la provoletera con un poco de aceite y cubrí toda la base con esas láminas. Sobre esa base, apoyá la provoleta.

Primero, una capa de papa bien finita sobre la provoletera caliente: la base crocante perfecta para tu provoleta
En esta receta se utilizó una de la marca Abascal, que se funde de forma pareja y aporta un sabor delicioso. Una vez que la base de papa se dora bien de un lado, se retira como si fuera una tortilla, se da vuelta y se repite el proceso: base de papa, provoleta encima, y se deja que el queso se funda mientras las papas se doran y quedan crujientes.

La provoleta se funde sobre las papas doradas, logrando una textura irresistible y un sabor que enamora
La combinación es irresistible: la provoleta queda dorada y suave por dentro, con un contraste de texturas ideal gracias a la papa. Esta preparación demuestra que, con pequeños cambios, se pueden transformar recetas tradicionales en experiencias nuevas y memorables.

valelrich. Fuente: (Instagram)
Croquetas de arroz y queso: una opción ideal para no fallar nunca
Por otro lado, las croquetas de arroz y queso son una excelente opción para no desperdiciar nada y resolver una comida con lo que hay en casa. Si te sobró arroz blanco del día anterior, podés transformarlo en una receta espectacular. Solo necesitás mezclarlo con queso rallado, un poco de huevo, sal, pimienta y, si querés, algo de cebolla salteada.
Una vez que tenés la mezcla, formás las croquetas con las manos, las pasás por pan rallado y las llevás al horno o a la sartén con un poco de aceite hasta que estén doradas. También se pueden congelar antes de cocinarlas, para tenerlas listas en cualquier momento.
Estas croquetas son perfectas para acompañar con ensaladas o como entrada. Además, permiten muchas variantes, podés sumarles espinaca, zanahoria rallada o incluso jamón picado. Son prácticas, económicas y una de esas recetas que siempre salvan.